lunes, 15 de septiembre de 2008

En el ayer ...


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e asomé a la poesía escandalosamente, cuando era muy niño. Mi madre decía a la maestra que era muy soñador y que debía tener paciencia conmigo porque podría volarme en un sueño. Pero el sueño me llevó a tierras ignotas. No sé si fue la inocencia o la terquedad de un dios travieso que me ató a aquel raro esplendor... Pero sí sé que desde aquel momento, cada fantasma jugaba en mi memoria una historia que nadie creería. Nadie, sólo este servidor de magias ocultas. Y también mi madre, que sabía que podía volar en un sueño y que no escarmentaría jamás ante aquellos peregrinajes inolvidables…“

(De Memorias de Ésero)