jueves, 12 de diciembre de 2013
viernes, 6 de diciembre de 2013
El Siglo XIX en la Poesía cubana
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Nació el 23 de
marzo de 1814 en la antigua
ciudadde
Santa María de Puerto Príncipe,
hoy Camagüey (Cuba).
Su vida
estuvo marcada por varias penurias:
el fallecimiento de su
padre y un casamiento
apresurado de su madre la
hicieron dejar su país
y transladarse a Europa,
donde
conoció a Victor Hugo, Chateaubriand y
Lord Byron.
La
muerte de sus dos maridos y el abandono
de su amante, Ignacio
de Cepeda y Alcalde,
cuando estaba embarazada de una
niña
que nació muerta colaboraron con su sentimiento
depresivo
y apasionado hacia el espiritismo
y periodos de retiro religioso,
aunque siempre
contó con el apoyo de escritores
como
José Zorrilla, Fernán Caballero,
José de Espronceda, o
Alberto Lista;
también recibió las críticas de personajes como
Marcelino
Menéndez Pelayo, que impidió que
entrara en la Real
Academia Española de la Lengua
por tratarse de una mujer...
Escribió
poesía, novela y teatro.
Son importantes sus novelas
Guatimozín,
último emperador de México (1846)
o El cacique de
Turmequé (1860). Su compromiso
social se hace patente en Sab, la
primera novela
antiesclavista de las letras españolas.
Su
poesía gira en torno al amor desdichado y pesimista,
característica
observable en algunos de sus sonetos
más conocidos: A él, A
la poesía, publicados antes de 1841
y recogidos en un libro de
poemas en 1851.
En el teatro, pretendió fundir la tragedia clásica
con el
drama romántico pero sin caer en los excesos
de éste, como en
los dramas operísticos Saúl (1849)
o Baltasar(1858).
Gertrudis
Gómez de Avellaneda falleció en Madrid
el 1 de febrero de
1873.
martes, 5 de noviembre de 2013
Acerca de la tarea de un antólogo de poesía
Por J. D´Alessandro
ENTREVISTA AL POETA MANUEL RUANO
¿Qué
función tiene una antología? (En el caso de ser más de una, ¿hay un ranking de
importancia o utilidad de esas funciones?).
Respuesta: Una
antología es una visión a través de una ceñida selección poética que el autor
estima decisiva , ajustada a un tiempo, ceñida a una época o a una o varias
generaciones, que propiciaron un estilo, una conducta estética o una voluntad
de renovación literaria. Lo que implicaría, de ser así, la inquietud de una o
varias vanguardias. De ahí que el tiempo es el mejor antólogo. Digo esto porque
el tiempo, en realidad, es el que pone en evidencia, si un texto poético
considerado nuevo, es realmente nuevo o ha pasado de moda; o si un texto que se
consideraba envejecido, no es más bien una revelación que sigue estremeciendo
al hipotético lector, como diría Eliot.
¿A
quién/es estaba orientada su antología Poesía nueva latinoamericana de 1981?
¿Qué finalidad perseguía?
Rep.: Precisamente, mostrar las diversas
expresiones poéticas latinoamericanas, que resonaban en el espectro continental
americano: Nadaísmo, El Techo de la Ballena, el Exteriorismo, el Concretismo,
El caimán barbudo, La poesía sorprendida, etc. Sus mejores voces. Teniendo en
cuenta, eso es, las posibles influencias y las interactuaciones del lenguaje…
¿Por/para
qué se incorpora al final un “fichero” de datos? ¿A qué se debe que en el caso de su antología ese fichero sea
“personal” (cfr. “Datos para un fichero personal”)?
Resp.: Son
impresiones diversas que me pareció interesante sacar a luz. El fichero de
datos es un artificio que se me ocurrió al concebir Poesía Nueva
Latinoamericana como un “cajón de sastre”, donde se guardan los hilos, las
anécdotas, las curiosidades y también los alfileres que demandan un personaje
poético o una característica de grupo, etcétera, etc.
El poeta Manuel Ruano con Roberto Armijo y Ernesto Cardenal
¿Qué
criterios o lineamientos sigue el antólogo a la hora de hacer una antología?
¿Hay parámetros objetivos (de algún tipo) al realizarla? ¿A qué razones responden
las exclusiones que hacen?
Resp.: Antes que
nada y por encima de todo, la calidad literaria. No se puede emprender un
trabajo de esta naturaleza, sin tener en cuenta eso. Hay toda una escuela a
propósito orientada por Ezra Pound, Thomas Eliot y W.H.Auden al respecto.
“Los buenos
lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores”,
decía Borges. Y este criterio los llevé, pienso, a cabo en otras antologías. Me
refiero a Cantos australes (Poesía Argentina 1940-1980); Poesía
amorosa latinoamericana, o, en “Y la espiga será por fin espiga”,
etcétera, etc.
Ud.
expresa en el prólogo que llevó a cabo una “muestra” y que decidió dejar afuera
“todo lo artificial”. ¿Todas las antologías son “muestras” u operan de ese
modo? ¿Considera que son los mismos criterios los que sigue una antólogo para
hacer una “muestra de la poesía” que para hacer un “panorama de la poesía”? ¿Y
una “antología” a cuál se parecería?
Resp.: En todo caso, un poeta es dueño de escoger
sus autores preferidos. Para mí, en el caso de Poesía Nueva Latinoamericana, fue más cómodo
llamarla “Muestra” porque es más simpático que “antología” (o “antojodía”),
como dicen algunos. En Argentina, por ejemplo, se editan indiscriminadamente
“ladrillos literarios” como “200 años de Poesía Argentina”, lo que es un
conglomerado político de su autor, más que una interpretación sana de la poesía
y sus intérpretes que deje de lado los inútiles apasionamientos.
¿Pesaron
sobre Ud. limitaciones de alguna índole (literaria, geográfica, editorial,
etc.) al antologar la poesía latinoamericana? ¿Cuáles?
Resp.: Las que suelen tener quienes se ven en la
situación de no depender de algún poder oculto, ya sea político, financiero,
editorial, etcétera, etc. Había (en mi
caso) que re descubrir voces que estaban ocultas de la mediatización oficial. Y
creo, lamentablemente, que sigue siendo así.
Ud. dice
en el prólogo que considera “lamentable ordenar la poesía por escuelas” y
“acostumbrar” al lector “en una cantidad de grupos o tendencias que solo sirven
para una aburrida y sofisticada clase de gente”: ¿Estaba hablando de la labor
del antólogo o de los cuidados que hay que tener con los lectores? ¿Por qué no
está de acuerdo en que el antólogo “exponga” esas clasificaciones? ¿Ud. como
antólogo las usó al seleccionar autores?
Resp.: El recopilador (a mi entender) debe mantener
cierta distancia con las clasificaciones de tendencia o de vanguardia. Corre el
riesgo de no ser objetivo en la selección. En realidad, debe predominar ,
siempre, la calidad literaria del texto.
Los peligros son
muchos.
¿Existen
“peligros” o “errores” posibles al hacer una antología? ¿Cuáles?
Resp.: Según la
conciencia crítica de su autor. En mi caso hasta he recibido amenazas por no
poner a tal o cual poeta. Sin embargo,
siempre predomina el sentido privado y personal para optar por la
seriedad del trabajo.
Disyuntiva:
¿Qué es más “serio” o “riguroso” en un antólogo?
A) Uno
que antologa un tipo de poesía que conoce geográfica o estéticamente y se
expone a ser imparcial a través de la expresión de su gusto y conocimiento
personal.
B) Uno
que incluye todo tipo de poesía y en una cantidad geográficamente
representativa a riesgo de incorporar autores que crea erróneamente “buenos”
para un estilo o literatura nacional que en verdad desconoce.
Resp.:Me gusta más la primera opción.
¿Las
antologías deberían servir (para Ud.) para “rescatar autores poco conocidos” u
“ofrecer a un público más amplio los autores más consagrados”? ¿A qué fin han servido
las antologías en la práctica de la segunda mitad del siglo XX?
Resp.: En mi experiencia como
“recopilador” de poetas (llevo ya más de cuatro antologías publicadas, tanto a
nivel internacional como nacional), me interesa más exhumar autores olvidados,
raros y poco expuestos a la publicidad, etc., que puedan ser un hallazgo
sorpresivo para los rastreadores literarios. Entre 1992 y 1997, edité una
revista llamada “Quevedo” donde “buscaba” esas voces inquietantes de la poesía,
tanto de autores conocidos como desconocidos del ámbito hispanoamericano y
hasta de otras lenguas. La poesía se hermana siempre en su peso específico: la
calidad literaria.
¿Se
pueden antologar autores inéditos o es una contradicción a la idea de
antología?
Yo creo que es preciso que se
antologuen autores editados, por una razón de seriedad intelectual. Blake,
decía: “El mejor vino es el más viejo, la mejor agua la más nueva”.
domingo, 20 de octubre de 2013
Del XXII Premio de Poesía de Costa Rica
Thelma Figueroa Figueroa 2013
Los
amantes se pierden en los turbios mataderos de la fantasía;
y tú, pequeña diosa andariega, te
consumes en viejas heridas...
Te entregas a todos en el café de la
resignación.
Para mí, tu corazón huele a flores
marchitas donde el amor se pierde.
No sé si han sido rotas las piedras del
tiempo
como lápidas nocturnas de una eterna
Afrodita .
No sé todavía qué vieja canción te llevó
por esa calle indebida.
Qué tratado de los sueños te confunde,
para que no te vaya a tentar ese trozo
del Cielo y del Infierno.
Los amantes se esconden y se besan hasta
en la muerte,
como en un parque maravilloso,
y descubren un día que nacen mudos como
estatuas,
con caprichosas poses encantadas, entre
peces rojos y dorados.
Por tu pelo baja el sol hacia las
plantas de los jardines solos,
que enciende el mar en sus ensoñaciones
temibles.
Yo soy el extranjero que siempre toca la
playa indebida,
el que guarda tus pensamientos en una
cripta de fuego
y cierra la puerta de la desolación.
Acaso un cantor envenenado, por un raro
licor que resplandece en la sombra.
Mientras los amantes se acarician en la
claridad de la luna.
Son falsas las estatuas después de las
ausencias.
¡Debieras saber que
desde hace mucho tiempo, están muertas de amor!
Manuel Ruano
miércoles, 9 de octubre de 2013
En el homenaje a la escritora
María Granata en la S.A.D.E.
María Granata en la S.A.D.E.
Homenaje a la trayectoria literaria de la célebre escritora
María Granata, el día 3 de octubre en la
Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de Buenos Aires.
MUERTE DEL ADOLESCENTE
Iba a las densas viñas y volvía
con la sangre dorada.
Su voz en un sollozo no cabía,
ni en un pámpano seco su mirada.
Ni sabían sus manos
ser el lecho piadoso de la frente.
Iba a las aguas, iba a los manzanos,
y retornaba siempre adolescente.
Veía en las tardes rojas
estremecerse al árbol absoluto,
y al pájaro nacer entre las hojas
profundo de dulzura como un fruto.
Solamente esperaba
un nuevo paso unir al paso hecho,
y por la herida lateral del pecho
ninguna soledad lo transitaba.
Guardaba de su infancia
como un sabor a plomo de soldado
y casi una fragancia
de llanto hacia una sien y otra desviado.
Por vez primera desde un agrio puerto
sintió la lejanía
y le dolió todo ese mar desierto
como una llama fría.
Secas están las viñas. Salitrosas
las aguas. Carcomidos los manzanos.
La sombra de las cosas
tiene filos crecientes y cercanos.
Junto a un huerto sepulto en una duna
y en el umbral del hombre,
siente el adolescente que una a una
se disuelven las letras de su nombre.
Muerto ya está. Como la arena muerto.
Pero vivas las manos todavía.
¿Dónde las uvas de un racimo abierto
que aún las sentiría?
¿Y dónde alguna flor? ¿Dónde una aguja
de luz para sus ojos?
Antes que advierta el lienzo, antes que cruja
en sus huesos un hierro de cerrojos.
Un hueco más sobre la tierra, un hueco.
Pero una sombra menos contra el muro.
Y un tallo verdiseco.
Y un fruto desprendido y no maduro.
¡Ah, ya han muerto sus manos
y ya se hiela el aire que lo toca!
Echad su corazón a los manzanos
y a las viñas su boca.
¡Ah, con qué rebeldía
su perfil en el viento se deshace!
Al Oeste la noche, al Este el día.
Limitado ya está. ¿Qué cruz le nace
de pronto entre sus manos?
Para el alba de cal que lo amordace
¿ha crecido ferviente de veranos?
¡Qué muerto está!... Y ya lo recorría
el amor como una llamarada
cuando iba a las viñas y volvía
con la sangre dorada.
---oo0oo---
(Tomado de Antología de la Poesía Argentina, tomo II,
de Raúl Gustavo Aguirre, Ed.Librerías Fausto, 1979, Bs.As.)
martes, 10 de septiembre de 2013
Presentación del Libro
VIVIR EN EL POEMA
Homenaje a
CARLOS GERMÁN BELLI
En la fotografía (de izquierda a derecha), Marco Martos,
Carlos Germán Belli, Inmaculada Lergo Martín,
Ricardo González Vigil y Sandro Chiri.
La noche del 27 de agosto del 2013, fue presentado el libro
Vivir en el poema (Homenaje a Carlos Germán Belli),
de la escritora e investigadora española Inmaculada Lergo Martín
de la Universidad de Sevilla, bajo el sello editorial Point de lunettes,
Granada. El volumen contiene diversos artículos y ensayos
acerca de la obra del poeta peruano de los siguientes escritores:
Mario Vargas Llosa, José Miguel Oviedo, Alberto Varillas Montenegro,
Richard Cacchione Amendola, James Higgins, Ricardo González Vigil,
Julio Ortega, Inmaculada Lergo Martín, Oscar Hahn, Ina Salazar,
Eduardo Espina, Tulio Mora, Pedro Lastra, Élio Vélez Marquina,
Camilo Fernández Cozman, Ana María Gazzolo, Manuel Ruano,
Francisco José Cruz, David Sobrevilla,Antonio Melis, Manuel García,
Marco Martos, Jesús Munárriz, Miguel Ángel Zapata,
Ricardo Silva-Santisteban, Ernesto Bottini, Jorge Rodríguez Padrón,
Sandro Chiri, Eduardo Chirinos, Luis Suñén, Juan Gustavo Cobo Borda,
Luis Sáinz de Medrano, Mario Campaña, José Kozer,
Hildebrando Pérez, entre otros...
El poeta peruano Marco Martos (actual Presidente
de la Academia de la Lengua), la escritora
Inmaculada Lergo Martín
(autora del libro que se presentó en la
Casa de la Literatura Peruana)
y el responsable de In terra ignota,
poeta argentino Manuel Ruano,
departiendo después de concluido el acto
de presentación, en un conocido local
de Miraflores, en la ciudad de Lima.
martes, 6 de agosto de 2013
Libro de Inmaculada Lergo Martín
Carlos Germán Belli:
EN POS
DE LOS ANTIGUOS DIOSES*
Por Manuel
Ruano
De la obra reunida
del poeta peruano Carlos Germán Belli, El pie sobre el cuello[1], editado en
Montevideo en 1967 y que comprende una serie de textos significativos de su
trayectoria literaria, (Poemas, l968; Dentro y fuera (1960); ¡Oh Hada Cibernética!, 1966),
establece en un mismo volumen, el calibre literario de las diversas épocas de
crecimiento de su lírica. Textos decididamente arcaizantes, donde pone en
evidencia el gusto por los clásicos de
la literatura del Siglo de Oro español y el empleo reiterativo y hasta insistente
de ciertos recursos estilísticos. El crítico James Higgins, hace la siguiente
semblanza del poeta: “Casi toda la obra de Belli nace de una situación personal
muy concreta. Desde 1946 hasta 1969 el poeta trabajaba como amanuense en el
Senado, y su poesía expresa la frustración de un pobre empleado acosado por
problemas económicos y que no tiene de sí otra perspectiva que años de trabajo
mal remunerados, que se siente esclavo de un desmoralizador oficio rutinario y
se encuentra en condiciones que le niegan la posibilidad de realizar su
potencialidad humana. Creo que es conveniente refutar la crítica de los que ven
en esta poesía un caso típico de individualismo burgués y que denuncian a Belli
como un poeta que escribe exclusivamente sobre una problemática personal sin
preocuparse por la condición del hombre”.[2]
La originalidad de
Belli se expresa en un barroquismo muy sui generis donde confluyen giros y
vocablos antiguos entrelazados a un color local y a un dolor de adentro, que,
por ejemplo, se hace evidente en versos como “Nunca seguro yo jamás”:
Nunca
seguro yo jamás, ¿Por qué?
y diciéndome sólo,
contrastándome corazón desierto
al félice bético pastor,
¿qué dulce mano al fin deslazará
mi cautiva cerviz,
o a qué cardinal punto dirigir
el desconcierto de mi paso mísero?
Y dígome cuán infalible yo
en el seno sería de las aras
del Amor dulces o del azar lúcidas,
porque por el jamás finible fuego
de mis entrañas hondas, pintiparado,
de cuidado exento,
discurrido allí hubiera,
como pez en el agua;
mas cuánta veda de los hados cruza
hubo contra mí, aborrecido y mustio,
tan oscuro gusano,
que nunca en los mercados
discurrir puede de la seda acervos.
Peruanismos
fluyentes y adjetivaciones brillantes y en un tecnicismo más acabado, convergen en
una poesía desesperanzada hasta lo grotesco. Una poesía que siempre establece
los límites precisos de un cuerpo, las fronteras agobiantes del ser. La lectura
de estos versos siempre revela el sentido de la inmovilidad, el acostumbrado
quietismo, el atrapado cuerpo contra algún objeto físico: “… en el globo
sublunar yacía/ en los cepos cautivo/ del neblinoso valle del Micuna”.
El mundo de Belli
surge de una irrealidad deslumbrante. Espejismo austero, de tono metafísico, de
crueldad sin rodeos: “Tal cual un can fiel a sus sueños sólo,/ así a tus plantas
por la vil pitanza/ quedan tus arcas, cuán cosido vivo,/ año tras año.” La
estructura clásica de sus versos siempre vuelven su mirada hacia el pasado, el
hechizo del desaparecido mundo de los antiguos. Símbolos que se mueven
constantemente en su problemática económica y en su estructura familiar: “pues
por el monto destos bofes míos,/ migas me lanzas como si no humanos/ fuéramos
yo, mi dama y mis hijuelas,/ más sólo hormigas”.
En una antología de
poesía peruana,[3] de
Salazar Sebastián Bondy, el autor selecciona de la obra de Belli, el poema “Las
abolladuras”. Poema que por su hermetismo, por su cerrada envoltura, estructura
un lirismo agudo y de extraña belleza:
Un
sinfín a lo largo de los cuerpos
de
ilícitas y crueles abolladuras,
que
en el seno se cuelan del planeta,
desde
antes de los carros y los trenes;
pues
a hurtadillas trajo el fiero noto
abolladuras
de seso y de tobillo,
que
presto descendieron en la noche
no
sobre el chasis,
mas
sí en el cráneo
del
piloto que desde la matriz
mal
su grado usurpara para siempre
la
abolladura y el vil desperfecto
a
la armazón ferrosa de los coches.
La poesía convierte
a Belli en el purificador de sus propios males. Su tono es confesional,
doloroso, masoquista en extremo, chupa sus propias mieles y deja deslumbrar un auto
complacerse por su estado en toda su crudeza: “hoy me avasallan todos y amos
tengo/ mayores, coetáneos y menores/ y hasta los nuevos fetos por llegar.” O
aquello de: “Hubo contra mí, aborrecido y mustio,/ tal oscuro gusano”.
Sin embargo, la
noche lo sumerge en un mundo donde todo es descubrimiento, éxtasis desconocido
donde aparece el amor, el sexo, el estallido emocional y secreto. En el poema
que titula “A la noche”, dice:
Abridme
vuestras piernas
y
pecho y boca y brazos para siempre
que
aburrido ya estoy
de
las ninfas del alba y del crepúsculo,
y reposar las sienes quiero al fin
sobre
la Cruz del Sur
de
vuestro pubis aún desconocido,
para
fortalecerme
con
el secreto ardor de los milenios.
Yo
os vengo contemplando
de
cuando abrí los ojos sin pensarlo,
y
no obstante el tiempo ido
en
verdad ni siquiera un palmo así
de
vuestro cuerpo y alma yo poseo, que más de los
noctámbulos
con
creces sí merezco, y lo proclamo,
pues
de vos de la mano
asido
en firme nudo llegué al orbe.
Entre
largos bostezos,
de
mi origen me olvido y pesadamente
cual
un edificio caigo
de
ciento veinte pisos cada día,
antes
de que ceñir pueda los senos
de
las oscuridades,
dejando
en vil descrédito mi fama
de
nocturnal varón,
que
fiero caco envidia cuando vela.
Mas
antes de morir,
anheloso
con vos la boda espero
¡oh
misteriosa ninfa!
en
medio del silencio del planeta,
al
pie de la primera encina verde
en
cuyo leño escriba
vuestro
nombre y el mío justamente,
y
hasta la aurora fúlgida,
como
Rubén Darío asaz folgando.
Tenemos la
sensación de encontrar en la poesía de Carlos Germán Belli el giro perpetuo de
la palabra y la convicción de que su uso sabe encontrar un poder fascinatorio
que la recrea a sí misma. El manejo obsesivo de algunos temas puede resultar
reiterativo en el conjunto de su obra; pero la impresión final hacia una
llegada sin salida, provoca incertidumbre, caos, preocupación. No obstante eso,
su alquimia lingüística asombra, intuye una serenidad aparente de un mar
enfurecido.
* Texto publicado
en el diario Últimas Noticias, de
Caracas, en la columna del autor “El trayecto de lo imaginado”, Caracas, 4 de
septiembre de 1977. Y ahora reproducido en Vivir en el Poema, Sevilla , España, 2013.
jueves, 11 de julio de 2013
Catástrofes marinas
DANZA FÚNEBRE
Con una danza fúnebre los galeones se iban al
fondo del mar.
Se apretujaban entre
los restos que sedimentaban su
hambre perpetua.
hambre perpetua.
Así como con grandes
alabanzas me quieres condenar al olvido,
pequeña y traviesa
doncella con cola de pescado.
Mal está que
sobrenades gloriosa en esa aguas de la turbulencia
Que no conocen de la
pasión y están llenas de ingratitud
como la misma muerte.
Peligroso está que
sobrenades esas pesadillas y te alejes de la
playa de mi memoria.
Porque tal eras como
una espuma que se pierde en el mar
Como elementales
conchillas y espinas de pescado
Y vestimentas aladas
del sol que todavía brillan en la arena.
Lejos de la piedra de
fundación…
Perdida estás, si
crees que con alabanzas me condenas entre
congrios y flores
turbulentas.
Los grandes océanos
pertenecen al recuerdo de un anciano
que confunde los días
de las noches.
Mal está que desnudes
el horizonte como una fruta.
Como se desnudan los
locos de amor con sus cuerpos irredentos
Y se confunden las
criaturas de la fecundidad en huecos oscuros,
en territorios
indefendibles de peces que tallan tu cuerpo
como un árbol de oro.
Mal está que se haya
perdido tu adiós en el casco de un barco
antiguo.
En arrecifes de
coral, en algas vivientes y carnívoras,
en corrientes
secretass que cantan un amanecer ignoto.
Mal está que te
precipites ahora hacia la cabeza de mármol,
de un Neptuno
desorientado, desgastado por la soledad.
Tus escamas plateadas
enceguecen mis ojos, pequeña
doncella con cola de
pescado.
Como letra muerta que
busca su resurrección; porque a las
páginas que siempre
vuelvo,
son las páginas de un
naufragio, son las páginas de ciudades
sumergidas que han aprendido a
soñar.
No son las peripecias
marinas de una doncella dormida en las
aguas caribeñas.
No son cangrejos ni
grutas de la fatalidad. El mar no esconde.
Esas aguas protegen a
las adolescentes tímidas tras la musgosidad
perdida de una noche
estival.
Pero tú, doncella de
cola de pescado, me das la música que se
desentiende de los
hombres,
Y tu voz es más dulce
que la de los ángeles de las proas
de un barco olvidado
que se hundió en las Antillas.
Y tiene la forma de
los caballitos de mar
dibujando su clave de
Fa en tinturas inesperadas.
Y mal está que te
sumerjas cuando no encuentras la respuesta
adecuada.
A veces eras
esmeralda y a veces dorada como un sueño
imposible de un buscador de perlas.
imposible de un buscador de perlas.
Ya que a veces soy
tan torpe, tan torpe, que confundo el fondo del
mar como a mi propio
olvido.
Y soy tan olvidado,
tan olvidado, como esos vientos sin destino
propio,
que siempre dan al
Mar de los Sargazos de la desesperanza.
Manuel Ruano
(De El Imperio del Jardín encendido)
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