lunes, 23 de agosto de 2010

Dos poemas de Jacobo Fijman sobre Lautréamont
ACERCA DE LAUTRÉAMONT, 1

Lo imagino rubio. De ojos celestes. Alto, varios metros. La piel azul y las manos huesudas. Dotado de una gran imaginación. Pero satánico.

Atormentado por las cosas reales y vulgares y por las ideas que se hacía del más allá de la muerte y de la muerte misma.

Era lo que diríamos hoy, un introvertido. Se lo supone fino, elegante, de una dentadura tremenda; con colmillos.

Debe estar ahora no en el infierno sino en el hades, que es el reino de la muerte. Él está como dormido, insomnis mortis.

Durante su vida debe de haber abusado de las drogas que llevan a los otros paraísos, los paraísos del mal. Eso, es lo que se deduce de sus escritos. Donde se hace sentir su soledad y su desesperanza.

No tenía nada de religioso. Era un muerto, como diría un teólogo moralista.

No supo nunca más que de penas y no dio nunca con la contricción, ese dolor perfecto, ni con la tricción, ese dolor imperfecto al que se entregan los pecadores arrepentidos para que se les restituya a la primera gracia y continuar su vida penitencial hasta arraigarse en un estado de paz y esperar la buena muerte. Pero él no da señales de haber tenido ninguna instrucción religiosa -aunque nombre mucho a Dios- que lo pudiera llevar a la salud espiritual.

Sin embargo, a pesar de todo lo quiero y lo voy a ayudar.

Este hombre atormentado, buscó con avidez; pero por sí mismo no dio con nada más que con el sufrimiento y la demencia de gran poeta.

Nació en el Uruguay, y se supone que haya muerto. Aunque nadie lo sabe. Es como si no hubiera existido como ser físico.

Era de agua. Era flemático de temperamento y lo concibo como existiendo en un mar agitado y oscuro. Dios no quiso que lo conociera, no quiso concederle la gracia que concede al resto de los mortales, a los fieles que componen el cuerpo místico de Cristo.

Lautréamont era soberbio; se negó a rebajarse a ser un niño.

No amó las cosas de la tierra como las aman algunos privilegiados de complexión melancólica. Él amaba lo que no sabía; buscaba a Dios pero no dio con Él. Se supone que Dios no quiso darle los beneficios que entrega a criaturas más inferiores que su naturaleza.

Lautréamont me conocía y me conoce. Como Juez he tenido que verlo. Me pidió que no lo olvidara. Que intercediera por él ante Dios que es mi amigo.

Pintura de William Blake

ACERCA DE LAUTRÉAMONT, 2

Hace un tiempo nos encontramos en otra región. Cuando lo vi, estaba como despejándose del sueño. Estaba con aguas, con algas, pero no con peces. Los peces se habían ido. Estaba acostado en el mar. Yo caminaba sobre las aguas y lo llamé: Lautréamont, Lautréamont, le dije, soy Fijman.

Y él me contestó que me quería. Que seríamos amigos ahora en el mar, porque los dos habíamos sufrido en la tierra. Pero no lloramos. Nos abrazamos. Después quedamos en silencio.


Jacobo Fijman
Poeta de la generación martinfierrista. Nació en Besarabia
en 1898. Es uno de los personajes que Leopoldo Marechal
señala como Samuel Tesler en su novela Adán Buenosayres.
Murió loco en Buenos Aires (1970), en un hospital psiquiátrico
y fue autor de muchos poemas, entre los que se cuenta
Estrella de la mañana
. También lo menciono en mi libro
próximo a salir en Venezuela, Lautréamont y otros ensayos
(Celarg, Colección Alborada, Caracas)

jueves, 5 de agosto de 2010


Picasso en Londres

Gran telón de Picasso. Se trata de la exposición
'Diaghilev y la Edad de Oro de los Ballets Rusos 1909-1929',
que ofrecerá el museo Victoria & Albert en Inglaterra



miércoles, 4 de agosto de 2010

Dos poemas de Quevedo


PREFIERE LA HARTURA Y SOSIEGO MENDIGO A LA INQUIETUD
MAGNÍFICA DE LOS PODEROSOS

Mejor me sabe en un cantón la sopa
y el tinto con la mosca y la zurrapa,
que al rico que se engulle todo el mapa
muchos años de vino en ancha copa.

Bendita fue de Dios la poca ropa,
que no carga los hombros y la tapa;
más quiero menos sastre que más capa:
que hay ladrones de seda, no de estopa.

Llenar, no enriquecer, quiero la tripa;
lo caro trueco a lo que bien me sepa;
somos Píramo y Tisbe yo y mi pipa.

Más descansa quien mira que quien trepa;
regüeldo yo cuando el dichoso hipa;
él asido a fortuna, yo a la cepa.

SONETO X

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece,
puto es el estipendo que se ofrece

en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta el alegría
que el rato puteril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare,
y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles afrentosas.

domingo, 25 de julio de 2010

Manuel Ruano en Belisama, 19 de Junio de 2010

Literarias

Este video es gentileza de las escritoras Patricia Ortiz,
Liliana Varela y
Susana Cattaneo del Café literario "Belisama".
Dicho video corresponde al día de presentación (19 de junio)
del libro de cuentos No son ángeles del amanecer,
(Edición De los Cuatro Vientos, Buenos Aires).

jueves, 8 de julio de 2010

La página del Dandy

UN ARTE MUY ANTIGUO O ELOGIO DEL LANCE

Desde la escuela primaria adoraba las historias de duelos entre caballeros. No fueron pocos los libros que leí sobre el tema.


Una concentrada tradición española enfunda dramáticos lances en su literatura que admirarían a un soñador como era yo, cuando vivía obsesionado por ser un espadachín de la corte o un escritor a lo Garcilaso de la Vega, trepándome a los muros de un soñado castillo del siglo XVI, o reviviendo las hazañas de Quevedo en un callejón madrileño, entre sombras, bodegones y espadachines de rostro oculto en un cruce a muerte. Sí, el duelo es más que un acontecimiento para “lavar el honor de una persona”. Porque el honor… ¿Qué significa el honor? Me gusta más la palabra dignidad, que es la que le enseñan a uno a hacerla respetar desde que toma conciencia en este mundo transitorio y desmesurado en el que la injusticia es el plato diario que de vez en cuando a uno le arrojan a la cara. Por eso el duelo es algo íntimo que no va aparejado a una clase social, a un deber político o un acontecimiento patriótico a algo así; aunque podría ser algo, casualmente, inherente a ellos. Un duelo, es una elección perfectamente entendible. Es una ecuación personalizada que declara a viva voz la existencia y, también, lo que podría conjeturarse como un grito descarnado de la existencia. Antecedentes a esto que digo, hay muchos. Por ejemplo, la muerte por la conquista de una mujer, como la ocurrida en el Méjico colonial al poeta sevillano Gutierre de Cetina.

En Buenos Aires está el duelo a cuchillo que tanto admiraba el viejo Borges. Los cuchilleros de antaño son como el que describe en su Milonga de Jacinto Chiclana. Sospecho que lo que estoy queriendo decir es que la muerte, no vale o no tiene, en realidad, el peso específico y la dimensión de un poema, cuando ese poema se traduce en sangre, en valentía o en proyección espacial de un acto que podríamos llamar heroico.

En Argentina, son incontables los duelos de todo tipo realizados por personajes reconocidos o anónimos. Uno peculiar, según cuentan los allegados al caso, fue el duelo entre dos parlamentarios: Lisandro de la Torre y el que más tarde fuera presidente de la nación, don Hipólito Irigoyen. Y también un nieto del creador del himno nacional, Vicente López y Planes, don V. López con un general llamado P. Sarmiento, que al parecer, nada tendría que ver con el que fuera presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento. Y, entre otros tantos, el protagonizado por el senador socialista Alfredo Palacios, más de una vez por algún pleito político.

Vale decir, que el duelo es un acontecimiento individual, llevado a cabo por dos soledades agraviadas que desean una compensación a su dignidad ofendida.

El mismísimo creador del socialismo científico, Carlos Marx, fue duelista y perpetrador de ese antiquísimo lance entre caballeros. Se dice que muchas guerras han sido detenidas gracias a un duelo oportuno entre dos rivales líderes de los ejércitos en pugna. Así se cuenta sobre el lance entre Héctor y Aquiles durante el imperio griego. Yo creo que muchos resentimientos se resolverían si dos soledades indignadas resuelven sus diferencias entre sus padrinos.

Dice Borges en Milonga para Jacinto Chiclana:

Me acuerdo. Fue en Balvanera,
En una noche lejana
Que alguien dejó caer el nombre

De un tal Jacinto Chiclana.

Alguien se dijo también

De una esquina y de un cuchillo;
Los años nos dejan ver

El entrevero y el brillo.

Quién sabe por qué razón
Me anda buscando ese nombre;
Me gustaría saber

Cómo habrá sido aquel hombre.

Alto lo veo y cabal,
Con el alma comedida,
Capaz de no alzar la voz
Y de jugarse la vida.

Nadie con paso más firme
Habrá pisado la tierra:

Nadie habrá habido como él
En el amor y en la guerra.

Sobre la huerta y el patio
Las torres de Balvanera
Y aquella muerte casual
En una esquina cualquiera.

No veo los rasgos. Veo,
Bajo el farol amarillo,
El choque de hombres o sombras
Y esa víbora, el cuchillo.

Acaso en aquel momento

En que le entraba la herida,
Pensó que a un varón le cuadra
No demorar la partida.

Sólo Dios puede saber

La laya fiel de aquel hombre;
Señores, yo estoy cantando

Lo que se cifra en el nombre.

Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente.

Siempre el coraje es mejor,
La esperanza nunca es vana;
Vaya pues esta milonga

Para Jacinto Chiclana.

Hace poco leí el cuento de Joseph Conrad, Los duelistas, que también fue maravillosamente llevado al cine con dos magníficos actores. Conrad, lleva esa intencionalidad a extremos obsesivos entre dos hombres que ni siquiera eran enemigos, sino oficiales del ejército napoleónico que se enfrentaban sin otra intención que la de probar sus habilidades con el florete, el sable o la pistola. Eso indica, pienso, que el lance entre dos personas no está envilecido por el dinero o por la posición social. Hubo, es claro, lances que traían esos propósitos. Pero yo me refiero a ese otro lance que obedece más al orgullo de una persona. Como el orgullo de Puskin, el genial poeta ruso al batirse con un franchute que puso en duda la dignidad de su esposa. También fue un defensor del duelo en su célebre novela Eugenio Onegin, cuando su protagonista se ve en la necesidad de encerrarle un balazo de pistola a su amigo, por una apretada obstinación personal de su oponente. Un caso similar se le presentó al general Lucio V. Mansilla, sobrino del dictador Juan Manuel de Rosas, cuando tuvo la necesidad de batirse con un periodista por no se qué disparate que este le había propinado en la prensa de Buenos Aires. El general lo explica en sus Memorias y da sus razones. Los padrinos están nerviosos. Los médicos esperan con impaciencia. Veinte pasos separan a los dos contrincantes en el campo de honor. El duelo esta por comenzar. De una lado el desafiante, el escritor y militar Lucio Mansilla. Del otro el desafiado, Pantaleón Gómez, director del diario El Nacional. En ese diario se había publicado una sátira sobre Mansilla, lo que produjo el duelo. El honor se defendía en el terreno, una quinta en Buenos Aires un 7 de febrero de 1880.

A la voz de fuego Gómez apunta al piso y dispara mientras dice “Yo no mato a un hombre de talento”. Pero no llego a terminar de decir talento, cuando la bala de Mansilla da de lleno en su cuerpo y cae herido de muerte. El autor de “Una excursión a los indios ranqueles” se acerca a Gómez, agonizante. Se arrodilla y llorando le besa la frente.Un incidente similar, pero ahora en Francia, será como una sombra que perseguirá al escritor Polignac y Nesle por una competencia entre dos mujeres que ambicionaban al duque de Richelieu como amante. Debido a ese verdadero escándalo para la época, ambas damas fueron expulsadas de la corte. El desencontrado amor de estas mujeres no pudo impedir que en el duelo saliera una de ellas herida ligeramente en el hombro. Y fue Madame Nesle, la que resultó herida. Sin embargo, ninguna de las dos renunciaría a ser amante del duque Richelieu.

En la historia de la literatura hay muchísimos casos de duelo entre dos caballeros. Recordemos en don Quijote de la Mancha, de Cervantes, el duelo entre el caballero de la Medialuna y don Quijote. En Shakespeare, por ejemplo, el encuentro entre Hamlet y Laertes, en el que Hamlet es herido de muerte ante la mirada de todo el reino. Y ni hablar de la literatura gauchesca donde abundan los encuentros a cuchillo pelado.

Un famoso libro escrito en 1900 por el español Marqués de Cabriñana, Código del honor en Esp
aña, es una especie de vademécum de los lances entre caballeros, donde se dispone de una serie ordenada de lo que son y representan las ofensas inferidas a un sujeto y los privilegios con los que cuenta el ofendido. El uso del florete, del sable o de la pistola y sus reglamentos. También, el libro contempla la utilidad de los padrinos y el lugar escogido para efectuar el duelo en el artículo 54, dice: “El caballero que recibe una ofensa leve debe pedir inmediatamente, y en términos corteses, explicaciones de la misma; y si éstas fueran satisfactorias o se le negase lealmente la intención de ofenderle o molestarle, debe darse desde luego por satisfecho sin hacer nombramiento de padrinos.” En el capítulo diez y siete, habla de los árbitros y tribunales de honor: “Se llama tribunal de honor a la reunión de personas nombradas por una de las partes para emitir su dictamen respecto a una cuestión previa de recusación, designadas por ambas para dirimir sus controversias.” El libro, abunda en detalles de la lógica del duelo.

De ahí que la poesía tenga un punto de contacto con el lance. Por ejemplo, cuando el duelo cobra una dimensión mayor, o sea ante la injusticia, es el pueblo quien decide tomar la iniciativa del lance, como lo explica Quevedo en un soneto: Por más poderoso que sea el que agravia, deja armas para la venganza: "Tú, ya, ¡oh ministro!, afirma tu cuidado en no injuriar al mísero y al fuerte;/ cuando les quites oro y plata, advierte/ que les dejas el hierro acicalado;// dejas espada y lanza al desdichado/ y poder y razón para vencerte; / no sabe pueblo ayuno temer muerte;/armas quedan al pueblo despojado.// Quien ve su perdición cierta, aborrece/ más que su perdición la causa della,/ y ésta, no aquélla, es más quien le enfurece.// Arma su desnudez y su querella/ con desesperación, cuando le ofrece/ venganza del rigor quien le atropella."


domingo, 13 de junio de 2010

Curioso menú literario

Publicidad del Restaurant Le Procope, inaugurado
en 1686 en París, al que asistían eminentes personajes
de la intelectualidad francesa (desde el filósofo Voltaire
en el siglo XVIII, hasta Paul Verlaine y Edouard Dubus,
entre otros, en el siglo XIX)



sábado, 12 de junio de 2010

George Brassens: L´enterrement de Verlaine






Canción de otoño

Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.


Paul Verlaine
Francia, 1844-1896



lunes, 7 de junio de 2010

Manuel Ruano

El día 5 de junio se llevó a cabo la retrospectiva del
poeta Manuel Ruano y la presentación de su libro de cuentos
No son ángeles del amanecer (Ediciones De los Cuatro Vientos,

Buenos Aires, 2010) en la Dama de Bollini,
auspiciado por AIAP y animado meritoriamente por Lelia Reta
y la presidenta de la entidad, Licenciada Irene Accarini.



Por Lelia Reta

Tenemos hoy en Encuentro a un poeta del que hay mucho que decir. Primero- Acaso la palabra del poeta sea la más verdadera aún en la divagación o por esa divagación que la conecta con lo misterioso, con lo arcano, con lo más profundo del hombre. Y hay mucho que decir porque Ruano ha trascendido las fronteras de nuestro país y es un poeta conocido, estimado, laureado en todos los países del continente americano, por lo tanto un escritor y poeta de dimensión continental. Y hay ciudades que le han dado su abrazo: En 1986 ha sido declarado por la Alcaldía de Lima “Huésped Ilustre dela Ciudad de Lima” En el año 2000 ha sido declarado “Visitante Ilustre de Rosario” por la Municipalidad de esa ciudad que hoy se yergue como un alto faro de la cultura argentina con su magnífico MACRO, etc.Pero qué camino ha hecho nuestro amigo Ruano que lo ha puesto en tan altos lugares de la consideración pública. Se ha proporcionado a sí mismo una formación envidiable. Estudió Crítica Literaria en la Asociación de Escritores Venezolanos en Caracas – Las formas expresivas del Teatro Español en cursos patrocinados por la Embajada de España en Bs As – Literatura Española en la Pontificia Universidad Católica del Perú – Teoría y técnica de la comunicación en la Universidad Mayor de San Marcos -

Como una experiencia de la mayor jerarquía hay que considerar los años juveniles en que integró el cuerpo de redacción de la memorable revista “El Escarabajo de Oro” . Luego funda en Perú la revista de poesía latinoamericana “Quevedo”

Como resultado feliz de su amor a la poesía ha producido un importante número de obras : Los gestos interioresSegún las reglasSon esas piedras vivientes – Premio Nacional de Poesía de Escritores de Venezuela – Yo creía en el Adivinador OrfebreMirada de BrueghelHypnosLos Cantos del Gran Ensalmador Concertina de los rústicios y los esplendorosos – Pero es muy importante que registremos las prestigiosas editoriales que han publicado estas obras- Losada en Bs Aires – Fondo de Cultura Económica de México - Monte Avila de Caracas –

Además innumerables plaquettes, colaboraciones, etc

Otra tarea que exige gran conocimiento, responsabilidad intelectual y sensibilidad es la preparación de Antologías. Poesía Nueva Latinoamericana fue editado en Lima –

Y la espiga será por fin espiga Ed. de la Presidencia de la República del Perú –

Cantos Australes de Monte Avila Editores –Caracas es un magnífico y laborioso trabajo de 500 páginas que reune poemas de los 80 poetas argentinos seleccionados de las décadas 1940/ 80 precedidos cada unode una noticia biográfica y con un enjundioso estudio sobre el fenómeno literario argentino de ese período.

También Poesía amorosa de América Latina editado en Caracas

Y estudios sobre autores especialmente amados por Ruano: Crónicas de poeta sobre César Vallejo y Obra poética de Olga Orozco con un Estudio preliminar y notas.También relacionado con el noble Vallejo escribió Cartas del destierro y otras orfandades donde el destierro está sentido tan acertadamente como orfandad.

Y después de tanta tarea de investigación, catalogación y valoración ¿por qué no afrontar el máximo esfuerzo? El diccionario

Efectivamente: Ruano integró el equipo y afrontó la tarea de investigador y redactor del Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina. Por eso Oscar Rodríguez Ortiz ha dicho de él: “empedernido conocedor de literatura hispanoamericana”

Tanta buena labor ha merecido premios y honores.

Me agrada mencionar el primero de todos cronológicamente:

Primer Premio Ensayo Domingo Faustino Sarmiento en 1962

Ha recibido premios a su poesía en Buenos Aires y muchos centros de nuestro país, y de, Lima, Caracas, Valparaíso, Tegucigalpa, Barcelona, finalista del premio Cervantes de Poesía –Granada, Ciudad Real , Valencia y el IV Premio Nacional del Libro de Venezuela otorgado por el Gobierno Bolivariano de Venezuela y merece ser subrayado el

PREMIO EDUARDO MALLEA del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 2004.
Quiero cerrar esta nota informativa en que he tratado de ser breve con algunas opiniones que se han vertido en la prensa especializada de muchos países sobre el poeta Manuel Ruano:

Hypnos es un libro deslumbrador, un lujo del idioma en estos tiempos” Francisco Bendezú- del Perú

Nuestro Miguel Briante escribió en “Confirmado”: “El suyo es un desafío de frente, a cara limpia”...

Zenaida Mateos percibió que este peregrino incansable “dedicó años enteros a rescatar voces originales de la poesía”

“Está dando sonidos nuevos a la poesía nacional” dijo Leopoldo Marechal Y también: “Tiene una severa conciencia de su arte”

Gudiño Kieffer lo considera “un sismógrafo registrador de aconteceres”

Bueno, aquí está frente a nosotros, con un puñado de poemas, este hombre que ha sido saludado por Octavio Paz y muchos otros como un portador de la buena palabra: Poesía.

(Palabras pronunciadas por la presentadora del recital, señora Lelia Reta)

Nota bene:
En las fotografías aparecen de izquierda a derecha:
Licenciada Irene Accarini; Profesora Lelia Reta; Manuel Ruano
y la Licenciada Alicia M. Dellepiane


domingo, 6 de junio de 2010


Duende en la Noche de la Dama de Bollini



Mi instinto literario me aconseja dejar de lado cierta

carpintería verbal, para dar paso a la escritura. Porque

lo peor que puede hacer un escritor y también un poeta,

es explicar su escritura. Decía Hölderlin que el lenguaje

es la morada del hombre. Y André Bretón accedía a ese decir,

aportando una frase que todavía resuena en mi Casa de la Poesía:

“No existe fruto prohibido, toda tentación es divina”.

Así me asomé a la poesía tempranamente y al modo rilkeano,

por imperiosa necesidad.

No voy a decir cuándo; pero sí voy a decir por qué.

Ya lo he dicho muchas veces. Citaba entonces muy seguido

a Quevedo:

“Retirado en la paz de estos desiertos

con pocos pero doctos libros juntos

vivo en conversación con los difuntos,

y escucho con mis ojos a los muertos.”


No voy a decir que toda visión del poema surge de una

supraconciencia ni nada por el estilo, porque eso me

resulta antipático. Ni que tengo una teoría de la conciencia

que maneja mis planos escénicos dentro del poema,

porque eso es más antipático todavía. Voy a decir que

escribo controlando, eso sí, el entusiasmo y buscando

la calidad de la imagen. Y por sobre todas las cosas,

el ritmo, a la manera de Mallarmé. Siguiendo las unidades

rítmicas de una pieza musical. Ya que Mallarmé insistía

en eso de que toda alma es un nudo rítmico. No puede haber

texto, ya sea poético o narrativo que no tenga música.

Entonces la escritura llega sin previo aviso. Es un paisaje

interior. Y yo no la escribo, porque ella me escribe a mí.

Ya sea en verso o en prosa. Después vienen los libros

y con los libros, esa sensación de estar todavía escribiendo

el poema. Así publiqué los primeros poemarios:

Los gestos interiores; Según las reglas; Son esas piedras

vivientes; Yo creía en el Adivinador orfebre; Hypnos; Mirada

de Brueguel; Los Cantos del Gran ensalmador y, por último,

Concertina de los rústicos y los esplendorosos

Algunos de cuyos poemas leeré esta noche. Y tal vez ellos

me lean a mí. Nerval, decía que había escrito en su juventud

poemas por amor y en su madurez, por desesperación…

Y Rimbaud, ¡ah, Rimbaud!, él descubrió la llama

del athanor alquímico y vio el mercurio de las palabras

cuando dijo: “El poeta se hace vidente mediante un largo,

inmenso y razonado desorden de todos los sentidos”.

Si mi memoria no me falla, (y en mi modesta experiencia

personal), yo empecé al revés de Nerval: escribí por

desesperación en mi juventud, y por amor en la madurez…

Y todavía más, de desamor…O sea del amor arrepentido

o desafiante. Lo que no deja de inquietarme porque a veces

el destino más irritante de una época está en la poesía,

como comenzara diciendo en Poesía Nueva Latinoamericana.

Un libro que empezó por síntesis de las voces de los poetas

de mi tiempo. En la búsqueda de un nuevo lenguaje.

Baudelaire decía: La poesía será cosa de iniciados.

Y yo me metí en eso. Jugué con las imágenes espagíricas

de los alquimistas. Tenía retortas imaginarias, salamandras

escondidas y athanores secretos que buscaban hacer la Piedra

lunaria, es decir, el poema. En cambio Vallejo, descubría que:

“Un poema es una entidad vital mucho más orgánica que

un ser orgánico en la naturaleza. A un animal se le amputa

un miembro y sigue viviendo. A un vegetal se le quita una

rama y sigue viviendo. Pero si a un poema se le quita un verso,

una palabra, una letra, un signo ortográfico, muere”.

Y en esto se empecina mi arte. O sea, mi música interior…


(Palabras previas dichas por el poeta antes de la lectura de sus poemas)



sábado, 5 de junio de 2010

Caminar el parque Las Heras desde Coronel Díaz hasta Salguero para cruzar la calle y llegar a mi casa. La vista migra a los costados para ver los verdes apagados del césped y los árboles y las luces de las Gemelas que anuncian el helipuerto en sus terrazas. Llegar de visitar La Dama de Bollini, a la que Borges fundó como Café Literario en 1984 y le escribió: “es grato estar en esta casa, de noche, bajo los altos cielorrasos, y saber que afuera están las casas bajas que aún quedan, y los hoy ausentes conventillos y corralones y las tal vez apócrifas sombras de esta pobre mitología”. Y fue grato esta noche recorrer la producción poética de Manuel Ruano, setentista poeta de los tiempos de El Escarabajo de Oro, que asegura que el poema es “una lucha de voces que vienen alzándose desde la nada hasta el absoluto”. Y las oímos. Nos paseamos desde los clásicos españoles hasta Mallarme y Rilke. Potenciados con el adelantado pensamiento de César Vallejos, aparecieron en la memoria Severo Sarduy, Roa Bastos, Vargas Llosa, José Donoso, Carlos Fuentes, García Márquez, aunque no los haya nombrado a todos. Manuel Ruano nos llevó de la mano por “miradas que se abren y se cierran según su parpadeo rítmico” y nos situamos en tiempo de su exilio, donde abrevó, en Venezuela, en Lima (allí dirigió la revista Quevedo”) las nuevas voces de América que buscaban la poesía nueva, el lenguaje nuevo, las diferenciaciones. Las vanguardias con su promesa de infinitud. Ruano, a lo largo del febril y complejo panorama de estas vanguardias, luchó como desesperado náufrago y se aferró a cierto orden lejano. Todo esto tal vez porque una gran parte del arte de vanguardia lo llevó a la reflexión acerca de contenidos, alcances y problemas. “No por ser setentista se recala en la temática social” pareció explicar mientras hacía pie en el abanico de ofertas de esa época donde no escapó ni lo intimista, ni lo épico ni lo lírico. Y por allí navegó él. Después de cruzar el parque y disfrutar de la tibia brisa de la noche pensé que como él dice no es Poe, ni Rilke ni Baudelaire. Pero yo digo que es todos ellos y los clásicos y los modernos y vanguardistas y todos los que leyó alguna vez, sumados a la patria sangrante, al exilio, al amor, al desamor y a todo aquello que haya colaborado para conformar su identidad. Y me quedé con sed de sus lecturas.