miércoles, 28 de septiembre de 2011


Un poeta latino


Epigramas de Marco Valerio Marcial

Marco Valerio Marcial nace en Bílbilis como él mismo repite
varias veces, el día 1 de marzo de un año incierto
entre el 38 y el 41 d. C.

I

Gloria del poeta

Aquí está aquél a quien lees, a quien buscas, el Marcial conocido en el mundo entero por sus agudos libritos de epigramas; a quien tú, lector aplicado, le has dado en vida y en plena lucidez, la gloria que raros poetas tienen después de incinerados.

XI

Buen bebedor

Habiéndose dado a cada caballero diez bonos [de vino], ¿por qué, Sextiliano, tú solo te bebes veinte? Ya hubiera faltado el agua caliente a los sirvientes que la traen, si tú no bebieras, Sextiliano, el vino puro.


XV

La vida vuela: ¡vive hoy!

¡Oh mi querido Julio, a quien debo recordar sin posponerte ni a uno solo de mis amigos, si de algo valen la fidelidad prolongada y los inveterados derechos! Se te viene encima tu sexagésimo cónsul y tu vida apenas cuenta unos pocos días. No harás bien en diferir lo que veas que se te puede negar, y piensa que solamente es tuyo lo que lo ha sido. Te aguardan preocupaciones y trabajos en cadena; los gozos no permanecen, sino que huyen volando. Aprésalos con ambas manos y con toda la fuerza de tus brazos, incluso así las más de las veces se nos escapan del seno. Créeme, no es propio de sabios el decir:“viviré”; la vida de mañana es demasiado tardía: ¡vive hoy!

XXIII

Los invitados de Cota

Tú, Cota, no invitas sino a quien se baña contigo y únicamente los baños te proporcionan convidados. Me extrañaba por qué no me habías invitado nunca, Cota. Ahora veo que yo no te he gustado desnudo.

XXIX

Un plagiario

Corre el rumor de que tú, Fidentino, lees mis versos al público como si fueran tuyos. Si quieres que se diga que son míos, te enviaré gratis los poemas; si quieres que se diga que son tuyos, compra esto: que no son míos.

XXXIV

Haz lo que quieras, pero con recato

Sin guardar, Lesbia, y abiertas siempre tus puertas, pecas y no ocultas tus devaneos y te causa más placer un mirón que un adúltero y no te son gratos los goces, si se quedan ocultos algunos. En cambio, una meretriz aleja a los testigos con la cortina y el cerrojo y son raras las rendijas abiertas en un prostíbulo del Summenio. De Quíone, al menos, o de Yade, aprende pudor: hasta los mausoleos esconden a las más degeneradas y a las zorras. ¿Acaso mi reprensión te parece demasiado dura? Te estoy prohibiendo que te sorprendan, Lesbia; no que se te tiren.

XXVI

Danza de las Nereidas

Un entrenado coro de Nereidas se puso a jugar por toda la superficie del mar y decoró las plácidas aguas con variadas tablas. Hubo un amenazador tridente de dientes rectos y una áncora de diente curvo: nos imaginamos los remos y nos imaginamos una barca y que brillaba la constelación de los Laconios, grata a los navegantes, y que se henchían las amplias velas con un seno bien visible. ¿Quién vio jamás tantas maravillas en las aguas transparentes? O Tetis enseñó estos juegos o los aprendió.

XXIX

Vencedores ambos

Prolongando el combate Prisco, prolongándolo Vero y estando igualado el valor de ambos durante mucho tiempo, se pidió reiteradamente y a grandes voces que se licenciase a los dos combatientes; pero el César mismo se atuvo a su propia norma: la norma era luchar, dejando los escudos, hasta que uno de ellos levantase el dedo.Hizo lo permitido: les dio varias veces fuentes [de alimentos] y regalos. Sin embargo se llegó al fin de un combate igualado: lucharon iguales, se rindieron a la par. El César envió a uno y a otro el bastón [de la licencia] y a uno y otro las palmas [de la victoria].Tal fue el premio de su valor denodado. Un hecho semejante no se había visto sino en tu reinado, oh César: que luchando dos, quedaron vencedores ambos.

XXXVIII

Además de plagiario, mal recitador

El libro que recitas, Fidentino, es mío; pero cuando lo recitas mal, empieza a ser tuyo.

LXII

Bayas, la corruptora

Levina es casta y no cede a las antiguas sabinas. Y aunque es ella más seria que su adustomarido, como unas veces se baña en el Lucrino y otras en el Averno, y como a menudoserefocilaen las aguas de Bayas, sintió que le prendía el fuego: al irse en pos de un jovenabandonando a su marido, llegó una Penélope y se va una Helena.

LXXIII

La fruta prohibida

Ni uno hubo en toda la ciudad que quisiera tocar a tu mujer, Ceciliano, mientras fue posible de balde; pero ahora que le has puesto guardianes, son una verdadera legión los que se la tiran.Eres un hombre ingenioso.

XC

Marimacho

Como nunca te veía juntarte con hombres, Basa, y porque ninguna hablilla te atribuía un amante, sino que a tu alrededor tenías siempre a tu absoluto servicio un grupo de tu propio sexo, sin presencia de varón, me parecía que eras, lo confieso, una Lucrecia. Pero tú, Basa, –¡qué atrocidad!– hacías de macho. Te atreves a unir entre sí coños gemelos y tu enorme clítoris hacelas veces del varón. Has ideado una monstruosidad digna del enigma tebano: que, aquí donde no hay varón, haya adulterio.

XCVI

No recuerdo su nombre...

Si no te es molesto y no te viene mal, escazonte, te ruego que digas unas palabras al oído de mi amigo Materno, de forma que él solo las oiga. Aquel amante de capas oscuras, que viste lana bética y ropa gris, que piensa que los que visten escarlata no son hombres, y que llama vestidos de mujeres a la ropa de color violeta, aunque alaba los colores naturales y no lleva más que colores oscuros, tiene una moralidad verde claro. Preguntará que de dónde deduzco yo que es un afeminado. Nos bañamos juntos: no mira nunca hacia arriba, sino que se fija en los sodomitas comiéndoselos con los ojos y no ve un cipote sin que se le haga la boca agua. ¿Preguntas quién es él? Se me ha olvidado el nombre.

CV

El vino añejo

Ovidio, el vino que se cría en los campos nomentanos, siempre que llega a tener mucha edad, su añeja vejez le hace perder sus características y su nombre. Además, a una tinaja vieja puedes ponerle el nombre que quieras.

CVI

Bebe vino puro, que vas a dormir

Entre copa y copa bebes agua de cuando en cuando, Rufo, y si un amigo te obliga, rara vez bebes una onza de falerno rebajado. ¿Acaso Nevia te ha prometido una buena noche y prefieres sobrios los retozos de unos polvos seguros? Suspiras, callas, gimes: ¡te ha dicho que nones! Por tanto, ya puedes beber tercios a manta, y ahogar en vino sin aguar tu duro desengaño. ¿A qué moderarte, Rufo? Tienes que irte a dormir.

viernes, 23 de septiembre de 2011

De Dante Alighieri

Soneto de la “Vida Nueva

Inciso XXVI

Es tan pura y gentil mi bien amada,

que sólo al verla saludar cumplida,

toda lengua enmudece estremecida,

y no se atreve a alzarse la mirada.

Así pasa, sintiéndose alabada,

benignamente de humildad vestida,

y es cual luz milagrosa descendida

para anunciar la celestial morada.

Muéstrase tan afable a quien la mira;

y vierte tal dulzura en nuestro seno,

que sólo quien la gusta la encarece.

Y entre sus labios palpitar parece

un espíritu suave y de amor lleno,

que va diciendo al ánima: suspira.

(Traducción de Leopoldo Lugones)

lunes, 19 de septiembre de 2011


Poema inédito


DEMÓDOCO DE CORCIRA


“Demódoco, yo te alabo más que a otro mortal

cualquiera, pues deben de haberte enseñado la Musa,

hija de Zeus, o el mismo Apolo, a juzgar por lo

primorosamente que cantas”.

Homero (Odisea VIII, 487)

Mi nombre es Demódoco de Corcira.

Aedo fui en la corte de un rey de Feacia,

que viejos rollos de pergamino llamaron Alkinoo.

Un poeta ciego me incluyó

en páginas memorables

que todos conocen como Odisea,

en la epopeya de las epopeyas.

Mi memoria es la de un recitador ambulante

que recuerda sus palabras:

“Cantó el divino Demódoco,

tan honrado por el pueblo.”

Este Canto enorgulleció a la gente de Corcira,

Isla del Mar Jónico.

(Héroes que vendrán:

juntad monedas para este oscuro poeta,

de una tierra austral,

que ahora añora mi Canto).

De El Imperio del Jardín Encendido, de Manuel Ruano)

miércoles, 14 de septiembre de 2011



El trayecto de lo imaginado


SOBRE EL MIEDO DEL ARTISTA Y LA VALORIZACIÓN DE LA PALABRA

Por Manuel Ruano

El miedo del artista puede provocar una forma de creación. Pero la sucesión del miedo puede engendrar un espíritu irritable y violento. Un creador compone ese miedo que lleva en sí (la desesperación casi siempre), en una forma irreprimible de asco. Una curiosa forma de supurar del espíritu que, como dijera Nietzsche, es “el mal juego de nuestros alaridos y nuestros gritos de angustia”. Y la poesía en el peor de los casos, es el encuentro forzoso con nosotros mismos. El encuentro de donde ya no es posible la huida. Y aún así, el asco sobreviene y el terror irrumpe con furia la totalidad de los sentidos hasta dejar una sensación agobiante en el alma y de abatimiento que es exclusiva en el artista pleno. Decía Trakl: “Del corazón mana la sangre derramada por uno mismo y en la oscura ceja anida un instante inefable: oscuro encuentro”.

Un poeta español, Carlos Edmundo de Ory, resumía esa carga: “Tengo miedo. Tengo más miedo cada día. Es asombrosa la cantidad de miedo con que uno puede llegar a cohabitar”. ¿Y acaso esa clase de miedo no ha sido alguna vez la de Pavese, la de Lorca, la de Vallejo, la de Dylan Thomas, cuando ya casi en la antesala de su muerte sentenciaba: “Es que he visto las puertas del infierno. Eso es todo.” ¿No ha sido la de Nerval antes de morir colgado en un farol? ¿No han sido las cartas de Artaud a su médico? ¿No han sido las reflexiones de Rimbaud en Abisinia, antes de caer fulminado por la sífilis?

Esa misma posibilidad de desorden en el espíritu del artista, establecería ya su caos. Porque en definitiva, la constante es eso, el caos, el profundo miedo a la maldad, a la traición, a la tortura, a la muerte, a la persecución, al orgullo herido. Esa lastimante y desgarradora sensación que organiza el temor y que alguien llama fatalidad. Ese brutal vacío de la desesperación, esa alma angustiada que ya está preparada para presentir la muerte o para convocar el grito a la vida. Y lo verdadero adquiere casi siempre, lo sé, la forma de brutalidad. Tal es así, que el poeta, hoy, ayer, quizás mañana, siempre rehace la esperanza o desentierra la razón para ingresar a un delirio definitivo. A una existencia sin paz. Sería apropiado, creo, decir con Musil: “Sólo hay una alternativa noble en este mundo cruel: aullar con los lobos o perder la razón”.

¿Anacronismo? ¿Desilusión? ¿Seres amados y perdidos? ¿Definitivamente perdidos? No lo sé. Lo cierto es que teniendo en cuenta esas observaciones, recuerdo a muchos de los ahora ausentes y creo, sí, en su ingreso hacia lo maravilloso porque ahora mismo me perturba el sonido lejano de sus voces, la letra de molde de su palabra escrita un día que no es ayer ni hoy, es siempre. Porque la palabra emerge, así es, como una cirrosis viva y callada expuesta a la luz. A un estremecimiento permanente o a esa melodía extraña que ciertos seres contienen en su interior y no pueden soltar. Y tal vez , eso nos lleve a entender la sorpresa de sus genios. Porque, ¿qué otra cosa puede darnos un genio artístico que no sea sorpresa? Y esa turbulencia de la poesía está íntimamente unida a sus pasiones. Corolario cierto: el corazón del poeta está galvanizado en esa ferocidad, cuando es auténtico. Un alma herida que soporta sus quejidos, es un alma sin soledad aunque admita que tiene silencios; porque está habitada de sus sales preciosas y el azúcar más denso. La combinación más perfecta y dañina a un tiempo. Un estado de muerte en alguna parte. Una muerte imaginaria; pero también cierta. Por eso pienso, acá, que sería intolerable sentir que el alma se incorpora sacudida por el miedo, desde su muerte, como un fantasma. Entonces viene la palabra siempre precedida de esos dominios del miedo, la turbulencia de la sinrazón, la crueldad.

Me preocupa el valor de la palabra. En la mayoría de los casos es frecuente ver que adquiere un sentido equivocado. No corresponde a las emociones. Todo sistema elaborado de discurso, tiene en la casi totalidad de sus manifestaciones un producto enajenado y por lo tanto inútil en su valoración poética. La utilización de la palabra, es el proyecto clave de una catarsis interior. La palabra emerge, entonces, como producto de un desequilibrio interior. Cada una de las significaciones atrae el concepto de una experiencia de desmitificación. De ahí que cada intento de poetizar se asemeja a una perspectiva de “demolición de un edificio entero”. El intento de poetizar tiene, pues, una perspectiva peligrosa. La palabra en su sentido íntimo, en su esencia última, tiene un efecto venenoso, fatal, sublime. La inmediatez, sin embargo, lleva a la generalidad de los proyectos de poetizar a una manía no casual, sino de autoanálisis, de terapia a sí mismo. Pero en la mayoría de los casos, ese esquema no sirve y el mensaje se torna superficial, resbaladizo, sin poder de calamiento. Hoy es frecuente ver cómo las sociedades modernas, han creado un tipo de intelectual inocuo, impermeable. Es decir, un intérprete alienado, en la mayoría de los casos, que ofrece un cuadro pobre y lineal en su conducta creativa. El valor creativo se ha evaporado. Consecuencia cierta: el verdadero poeta manifiesta el desequilibrio. La poesía por la nueva belleza, es un desequilibrio. La conciencia de escribir, textualizar un poema, es conciencia de hacer estallar el edificio de las relaciones de contorno y mental. Necesariamente el orden establecido de la palabra, proviene de una estructura mental determinada. Si ese edificio no cae, es porque sigue sumergido en una estructura represiva que elabora un sistema sin libertad interior, sujeto a un status anímico despreciable. El poeta, pienso, por sus determinantes sin barreras, debe ser un demoledor de lo inútil en el complejo mundo de la literatura.


Texto publicado en la edición dominical del periódico venezolano Últimas Noticias(1976), en el Suplemento Cultural, en la sección "El trayecto de lo imaginado".


martes, 30 de agosto de 2011



En el Puerto de la ciudad de Santa Fe




miércoles, 3 de agosto de 2011

Memorial de ausencia

A TRAVÉS DE UN OJO DE BUEY

Por Manuel Ruano

“El faro atrae a la tormenta y la ilumina”

Malcolm Lowry

A Eduardo Ruano Debesa, llamado el rubio, i.m.

Como detrás de un ojo de buey frente a la bruma.

Con un faro a babor y en resolana,

navegaba ese buque como fósil de hierro de la segunda

/guerra.

Con el salitre provocador de un nuevo invierno.

Como detrás de un ojo de buey frente a la bruma,

me he convencido de que ese barco viejo no era un barco

/de transporte,

ni rastreador de roquedal ostrero,

con tripulación de intrépidos fantasmas heridos por la luz,

sino un ataúd vacío que transportaba hombres perdidos

/por ultramar …

Como detrás de un ojo de buey frente a la bruma,

el barco navegaba en las tormentas en las que un tío

/impasible, (al que llamaban el rubio)

coleccionaba estampillas y monedas de una edad

/incierta,

para matar las réprobas distancias de este mundo.

Como detrás de un ojo de buey frente a la bruma,

el buque tenía una gran boca por bodega que de antiguo,

servía para el desembarco de almas para la guerra.

Y que después, estoy seguro, sólo registraba el golpe

/de las olas,

como barco endemoniado que se abandonaba

/a los vientos.

Como detrás de un ojo de buey frente a la bruma,

/donde había también un faro,

que a veces se veía a estribor en lo que quedaba

/de vista a tierra,

y que se alimentaba de fieras borrascas del pasado.

En el momento de arribar al muelle donde regresaban

/esos hombres

que han sobrevivido a sotavento,

y guardan sus corazones rotos como un reloj de a bordo,

/tan inservible como sus esperanzas,

yo los veía como viejos lobos marinos iluminados

/por un relámpago azul.

Como detrás de un ojo de buey frente a la bruma,

ellos llegaban enfundados en sus gabanes azules.

Arremolinados por el soplar del viento.

Porque ellos sabían que la fatalidad los acechaba,

sin sirenas a babor que cantaran sus memoriosas

/historias.

(En ese barco de la Compañía Dodero,

rondaba todavía el fantasma de un médico de a bordo

/llamado Ernesto,

que después andaría mucho por tierra, enguerrillado

/por el Caribe

y no persiguiendo el oro como otros en el pasado).

Yo los veía a todos, como si estuvieran en la búsqueda

/de aquel Moby Dick de Melville,

soltando amarras hacia el horizonte.

Los imaginaba sacando tiburones en alta mar,

disparando con una Browning a esos demonios desde

/estribor.

Yo los veía, como si estuvieran detrás de un ojo de buey

/frente a la bruma.

Puede que esta visión suene como un recuento gris.

Puede que las palabras no sean fieles a la distancia;

Pero yo quiero que tengan el sabor de las canciones azules

que refulgían en otras épocas como algo esplendoroso

/que no se daría en ninguna otra estación.

Aquí yacen todavía sus voces, sus espectros, como

/huella salitrera de un mar desconocido.

Como si fuera el Mar de los Sargazos del entendimiento.

Como si fuera un niño que no comprende nada todavía

del abismo que hay detrás de la vida y de la muerte.

Nota: El BDT11 era un buque de la marina estadounidense diseñado para transportar tanques y tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Al concluir ésta, esos barcos ya casi obsoletos, se vendieron a otros países para ser utilizados por la marina mercante. La Compañía Dodero fue poseedora de uno de esos buques que por los años cincuenta tuvo un médico de a bordo llamado Ernesto Guevara Lynch.

jueves, 7 de julio de 2011

Un raro poeta cordobés


P O E M A
1

Sus senos eran el dominio de los demonios y los ángeles
y los muertos la desclavaban, tumultuosamente,
justificando la Gran Ceremonia del día y de la noche.

Sobre los desiertos ardientes,
en la fiesta de las hierbas arenosas,
ella daba de comer a los búhos
y se dejaba invadir por las abejas,
torre vigiladora de Dios
que detenía su relámpago.

Yo la seguía por las aldeas con el salvaje rezo del instinto.
Preguntaba a los forjadores de armas
por sus países de matanzas y prisioneros,
a los elementísimos huéspedes de las posadas
que jugaban sus mujeres por el esplendor de sus ojos,
a los hechiceros en sus carruajes incendiados,
a las dádivas cubiliteras
que buscaban en sus urnas el perfume de sus hierbas y narcóticos.

Al caer el sol, sus lamentaciones escarbaban mi dormitorio
/de sangre,
su sombra me construía y destruía negándome toda esperanza,
y entonces, ni los espacios, ni los arcanos,
la podían ocultar y negar para mi presencia.
¿Debo explicarme y acaso explicarte esta ciega obediencia
a la urdidora de la noche,
a esa hembra del fuego, sierva sombría de los magos?

2

Su cuerpo era buscado por los caballeros de lo Oscuro,
y su alma por los niños.

En las altas mañanas,
las mujeres iban de una casa a otra casa
con las oraciones de su reina sagrada.
En los altares crujían los ramos
y se frotaban los animales con su salvaje menta.

Su cuerpo era el resplandor de un cuchillo hirviente en las
/fraguas domésticas,
y su alma la intimidad de lo sobrenatural.

Yo la perseguía con los atavíos de acero por esas comarcas
/de
nómades,
sentía el crecimiento de las plantas del desamparo
y nadie quería purificarme para entrar a la plaza de su cuerpo,
con la cólera, el placer y la crueldad
de aquel que conociendo sus costumbres y sus juegos
nunca pudo lograr su santidad ni su corrupción.

Muchos dioses habían creado para ella la terraza del cielo.

Y no sabía perdonar a sus amantes de musgo
y a sus amantes de sal.


(Del libro Las pálidas esmeraldas,
Alción Editora, Córdoba, 2005)

Romilio Ribero
Córdoba 1933-1974

jueves, 23 de junio de 2011



De nuestro tiempo



A PROPÓSITO DEL LIBRO Y DE SU GUSANILLO

Por Manuel Ruano

“Leer, por lo pronto, es una actividad

posterior a la de escribir:

más resignada, más civil, más intelectual.”

J.L.Borges

Sobre la permanencia del libro (como objeto de arte o mercancía), se ha escrito tanto o más, que los volúmenes que se han editado hasta el presente –siglo tras siglo tras el crujir de las linotipias - no dejarían espacio libre en ninguna biblioteca. Porque antes de la imprenta de Gutenberg, los libros se escribían a mano por unos monjes a los que no se les permitía hablar entre sí a riesgo de equivocar la escritura. Y aún antes de eso, los rapsodas recitaban un texto epopéyico o lírico,como si fuese un texto sagrado, sin altavoces, para que generación tras generación lo siguieran registrando en su memoria.

Por eso, más allá de los temas, tengo por principio referirme con mayor preferencia a los libros de literatura, que son amigos más fieles y generosos que los otros.

Un escritor de nuestros días, sigue convencido que un buen libro siempre es mejor que quien lo escribe. Y es verdad, porque lo que importa es la obra, no el autor. El escritor es un vehículo transitorio expuesto a la propaganda del mercado y a los medios que hacen de él un ícono para el consumo. Pensemos que China (como señalaba Voltaire) estaba ya llena de libros cuando las naciones europeas no sabían leer ni escribir. Y en su Diccionario Filosófico, añade: “Los poemas de Homero, durante mucho tiempo, fueron tan poco conocidos, que Pisístrato fue el primero que los puso en orden y los hizo copiar en Atenas, unos quinientos años antes de la era vulgar”.

Para un buen lector, el libro es su “Casa Mental”. Siempre está expuesto al placer que se saca de su lectura. Desde su Torre, Don Francisco de Quevedo decía: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”. De ahí que un buen libro es un paisaje que se sueña y que al soñarse, es un escenario de lo maravilloso. Así, tenemos referencia del Quijote, cuyo autor jamás pensó en tener un taller literario ni cosa parecida.

Decía Mallarmé que el mundo existe para llegar a un libro. Borges añade una cita de Homero al convocar a los dioses y decir que tejen de desdichas al mundo para que la posteridad tenga algo que cantar. La cita es muy a propósito porque, pienso, habría que tener en cuenta un tercer elemento: el fuego. Ya que sin él no hubiera existido la quema de la Biblioteca de Alejandría y Prometeo no se lo habría robado a los dioses. Pero yo tengo la duda de si estuvo primero la imaginación en el hombre o el fuego. Porque el fuego, digo, antecede a toda composición literaria y templa el hechizo de la imaginación. Por eso van unidos en el ardor de un escrito, de un poeta o de un escritor; también, al destino que un déspota puede dar a una biblioteca o a una obra literaria, cuando ésta no conviene a su credo político o religioso.

De esta manera el libro sucede a la etapa de la leyenda oral de los poetas áulicos, a los aedos, a los vates y a los trágicos griegos. Hôlderlin, mucho más tarde dice que la escritura es la morada del hombre. Y es verdad. La escritura es la dimensión espiritual más hermosa y resplandeciente desde la antigüedad.

En cuanto a la Feria del Libro que se desarrolla en Buenos Aires, quiero decir que es siempre provechoso comprobar que el libro, a pesar de los siglos, la inquisiciones y los fuegos de artificios de los fascismos y dictaduras terrenales, sigue gozando de buena salud. Y es de destacar, ante esto, una frase de Georges Bataille: “Lo que enseña de tal modo el escritor auténtico –por la autenticidad de sus escritos- es el rechazo al servilismo (y en primer lugar, el odio a la propaganda). Por ello no se sube al remolque de la multitud y sabe morir en la soledad.”

¿Habrá alguna otra posibilidad que este objeto de arte hecho de papel que convive con su hipotético lector, pueda desaparecer? Mucho se ha especulado sobre eso ante el advenimiento del libro electrónico. Éste es, lo aseguro, un tema para clarividentes, no para escritores; pero el libro sigue en los estantes de la biblioteca sin desmerecer su función a quien quiera ausentarse en la lectura. Una cosa es la información (señores de la moda) y otra especular sobre su desaparición, porque si está muriendo el libro, deberá estar muriendo también el idioma y mucho me temo que la Nación.

En cuanto al gusanillo que se come los libros… ¡Libera nos, Domine!


(Tomado de la revista Cartela, Nro.17, junio de 2011)

sábado, 18 de junio de 2011



Edith Sitwell


Edith Sitwell con Marylin Monroe

Canción callejera

Amad mi corazón una hora, pero mis huesos todo un día…
El esqueleto al
Amenos sonríe, pues tiene un mañana; pero

los corazones de los jóvenes son ahora el oscuro tesoro

de la Muerte, y el verano ha quedado solitario.


Consolad a la luz solitaria y al sol en su tristeza, venid
como la noche, pues terrible como la verdad es el sol,
y a la luz muriente muestra sólo el hambre de paz
del esqueleto, bajo la carne como la rosa estival.

Ven a través de las tinieblas de la muerte, como viniste
antaño a través del follaje de la juventud, a través de la
sombra como la puerta florecida que lleva al Paraíso,
lejos de la calle… tú, la ciudad aún

por nacer vista por los desamparados la noche de los pobres.

Andáis por los caminos de la ciudad, donde la sombra amenazante
del Hombre ribeteada de rojo por el sol como Caín tiene una
forma cambiante: esbelta como el Esqueleto, agazapada como el Tigre,
con la presteza y la vieja sabiduría del Simio.

El pulso que late en el corazón tórnase el martillo que resuena en
el Campo del Alfarero donde construyen un mundo nuevo con
nuestros Huesos, y las inmundicias que dejan caer y el clamor
durante el día de las rapaces que se alimentan de carroña… Pero
tú eres mi noche y mi sosiego,

la noche santa de la concepción, del descanso, la oscuridad
consoladora en que todos los hombres son iguales: el réprobo
y el justo, el rico y el pobre no son ya naciones separadas,
sino hermanos en la noche.


Tal fue la canción que oí: ¡pero los Huesos son mudos!
Quién sabe si el son era el de la luz muerta que llamaba,
de César haciendo rodar cuesta arriba la piedra
de su corazón, o la carga de Atlas despeñándose.


Edith Sitwell

(Inglaterra, 1887-1964)

viernes, 10 de junio de 2011

Un poema de Malcolm Lowry



Malcolm Lowry
(Birkenhead, Cheshire, 1909-
Ripe, Sussex, 1957)


UN POEMA SOBRE LA MISERICORDIA DE DIOS

Caín no matará a Abel hoy sobre nuestra buena tierra,
Ni Adán vacilará bajo nuestra luna oculta,
Ni tampoco Ismael yacerá rígido en la calle 28,
Con un harpón de Nueva Bedford en el cerebro,
Su pulmón derecho en un escollo de Hoboken.
porque éste es el largo día en que se encuentra a los
/perdidos,
Y en que aquéllos, separados por tragedias, se reúnen
Con dulce alegría de primavera. Y quienes han esperado
/más
Se encuentran a salvo en los brazos del otro.
Hoy el que se había separado del rebaño vuelve a casa,
Y ésos que tenían tanto frío, en la calle del buitre, están
/al calor,
El entumecido albatros encuentra abrigo de la
/tempestad,
Los torturados ya no sabrán de angustias,
Porque todos en esta inmensidad quedan libres de
/mal:
Vejez soñando en juventud, juventud soñando en vejez,
/serán inencontrables.
Mientras el buen Loki caza dragones bajo tierra.
La vida oye nuestro ruego por el vigía de guardia, solo,
O temblando, a una campanada, sobre una húmeda
/escotilla
Al oscurecer, y por el marinero balanceándose lejos de
/la costa,
El soldado cercado en el agujero de un obús o la helada,
La tripulación de la barca maldita hundiéndose
/majestuosamente en el ocaso
Con velas negras; también por las madres atenazadas
/de inquietud,
Y por cada uno de los condenados y los oprimidos,
Va a producirse un nuevo Pentecostés.
¡Ah!, poetas de la misericordia de Dios, mensajeros del
/temporal,
Ahora veo que el cordero vuelve a casa, y que Gogol
Lo envuelve con un cálido abrigo...
¡Nuestra ciudad de noche y miedo florecerá en un
/amanecer marino!
Sólo tienes que soportarnos ayudado por mi canto,
Porque con el amanecer llegará el ajuste de cuentas.
Y esta última noche es muy larga.

Traducción: M. Antolín Rato
(Tomado de Poemas de Malcolm Lowry)