lunes, 1 de febrero de 2010

DANDISMO Y NINFOMANÍA

"para ser elegante es necesario gozar del
ocio sin haber pasado por el trabajo"
Honoré de Balzac


En la historia de la literatura en Francia se da, entre otros, un precedente del dandismo femenino con la escritora George Sand (seudónimo de la baronesa Amandine Aurore Lucie Dupin), hija de un militar del ejército francés llamado Dupin, que descendía del rey Augusto II de Polonia. Había nacido en París el 1 de junio de 1804.


George Sand pasó la mayor parte de su infancia en un paisaje campestre, en Nohant, y estudió con las Monjas Agustinas Inglesas en un convento de París. En 1822 se casó con el baron Casimir Dudevant, un rico y poderoso hacendado, lo que la convierte en baronesa por derecho nobiliario. Pero la escritora no se demoró en abandonar a su marido y trasladarse luego a la capital francesa, donde comenzó a vestirse con vestimentas masculinas y dedicarse a una vida sexual tempestuosa en el mundillo intelectual de su época. André Maurois, dice de esta escritora: "la historia de George Sand es la de una mujer que, por su nacimiento, se encontró colocada en la frontera de dos clases y, por su educación, en una zona en la que se encontraban el racionalismo del siglo XVIII y el romanticismo del XIX; que, habiendo perdido a su padre en la infancia, deseó reemplazarlo al lado de una madre adorada,adquiriendo por ello un comportamiento viril; que fue confirmada en esta actitud por la educación viril que le dió un profesor un tanto loco y por los trajes masculinos que le hizo vestir; que a los diecisiete años se vio independiente, dueña de una propiedad en Nohant, ama de una casa, y que intentó siempre,inconscientemente, recrear este libre paraíso de su adolescencia; que jamás pudo soportar un amo y pidió al amor lo que en la maternidad hallaba:una oportunidad de proteger a seres más débiles..." (Lélia o la vida de George Sand, Emecé Editores, 1955)



Corría ya el año 1831, cuando se unió a un grupo de distinguidos artistas, entre los que figuraban el novelista francés Honoré de Balzac y el músico húngaro Franz Liszt. Lo que, por añadidura, la hizo célebre tanto por sus escritos como por sus idilios y deslices amorosos, especialmente por su relación con el poeta francés Alfred de Musset y con el compositor polaco Frédéric Chopin. Con éste último realizó un viaje a la isla de Mallorca, a la villa de Valldemosa, que por su invierno cálido y seco convenía a la salud del compositor. Este suceso fue narrado por la autora en su libro Un invierno en Mallorca, publicado en 1841.

Hasta aquí, los datos reales. Hay una cara o cruz en su historia personal.
Fiodor Dostoievsky la resalta con palabras dignas de un especial elogio en su

Muerte de George Sand, donde dice:

"El último número del Diario, correspondiente a mayo, estaba ya compuesto y en prensa cuando me enteré por los diarios de la muerte de George Sand (murió el 8 de junio de 1876). De este modo no alcancé a decir siquiera una palabra acerca de esta muerte. Pero había bastado que leyera esa noticia para comprender cuánto significó en mi vida aquel nombre, cuánto correspondió en una época a ese poeta, de mi entusiasmo, de mi admiración, y todo lo que me dio entonces de alegría, de felicidad. Sin temor escribo cada una de estas palabras, porque así fue literalmente. Ella fue una de nuestras contemporáneas (quiero decir, nuestras) que más plenamente realizó el tipo de idealista de los años treinta y cuarenta. Es uno de los nombres de nuestro poderoso siglo, presuntuoso y al mismo tiempo doloroso, pleno de ideales inexpresados, de los más indefinidos deseos, nombre que surgió allá lejos, "en el país de las sagradas maravillas!", que nos atraía quitando a lo nuestro, nuestra Rusia siempre en gestación, mucho pensar, mucho amor, la fuerza de santos y nobles impulsos, vivísima vida y caras convicciones. Pero no debemos lamentarlo: exaltando tales nombres y admirándolos, los rusos sirvieron y sirven a su más verdadera misión. Que no se asombren de estas palabras mías, y sobre todo en relación a George Sand, acerca de quien puede hasta hoy discutirse y a quien la mitad de nosotros, si no las nueve décimas partes, ya alcanzaron a olvidar; pero ella a pesar de todo desempeñó un papel entre nosotros en su tiempo, ¿y quién estará más dispuesto a recordarla sobre su tumba que nosotros, sus contemporáneos de todo el mundo? Nosotros, los rusos, tenemos dos patrias: nuestra Rusia y Europa, aun en el caso de llamarnos eslavófilos (que ellos no me guarden enojo por esto). No es preciso disputar sobre ello. La más alta entre las altas misiones que los rusos reconocen como un deber asumir en el futuro, es la misión de reunir la humanidad en un solo haz, es el universal servicio a la humanidad; no sólo a Rusia, no al mundo eslavo, sino a la humanidad toda."Existen fuentes históricas que dicen que no tardó en forjarse una fama de mala reputación por su libertina conducta sexual, algo indudablemente mal visto por la sociedad de su época y que recuerda al sadomasoquismo del Divino Marqués:" gustaba de azotar y de dar azotes a su pareja, para lo cual contaba con un complejo arsenal de artefactos eróticos". Esa forma escandalosa de comportarse en el lecho y su legión de amantes, a los que solía reunir para practicar el acto amoroso en conjunto, hizo que su figura fuera vilipendiada en el círculo aristocrático. La nota de Fiodor Dostoievsky , sigue diciendo:

"Reflexionadlo, y también vosotros aceptaréis que los eslavófilos reconocieron eso mismo - por eso nos exhortaban a ser más estrictamente rusos, a serlo más firme y responsablemente-, comprendiendo precisamente que esa tendencia a unificar la humanidad es el más importante rasgo de la personalidad rusa, así como su misión. Por otra parte, todo esto exige todavía muchas explicaciones, por lo menos la de que el servicio de un ideal universalmente humano y un aturdido vagabundear por Europa, abandonando voluntariamente la patria, son dos cosas diametralmente opuestas, aunque hasta ahora se las confunda. Por el contrario, mucho, mucho de lo que tomamos de Europa y trasplantamos entre nosotros no se limitó a la copia servil, como indispensablemente lo exigen los Potuguin, sino que lo incorporamos a nuestro organismo, a nuestra carne y nuestra sangre; hemos sobrellevado y hasta padecimos con independencia punto por punto, como en el Occidente, otras cosas que allá eran familiares. Esto es lo que los europeos no quieren admitir por nada del mundo; lo que ha sido mejor, por el momento. De ese modo se cumplirá más imperceptible y tranquilamente un proceso indispensable que asombrará al mundo en sus consecuencias, proceso que puede seguirse del modo más claro y palpable en la actitud que observamos con respecto a la literatura de los demás pueblos. Sus poetas son para nosotros, al menos para la mayoría de nuestras gentes cultivadas, igualmente familiares que los suyos en sus países de Occidente. Yo afirmo y repito que todo poeta, pensador, filántropo europeo, aparte de su propia tierra, en ninguna otra parte del mundo es tan íntimamente comprendido y más aceptado como en Rusia. Shakespeare, Byron, Walter Scott, Dickens, nos son más familiares y comprensibles que, por ejemplo, a los alemanes, si bien por supuesto circula entre nosotros sólo la décima parte de los ejemplares, en su traducción rusa, que en la libresca Alemania. La Convención francesa del año 93 al otorgar una credencial de ciudadano "au poète allemand Schiller, l'ami de l'humanité", a pesar de haber hecho con ello un gesto hermoso, soberbio, profético, no sospechaba siquiera que en el otro extremo de Europa, en la bárbara Rusia, ese mismo Schiller era bastante más nacional y bastante más caro a los bárbaros rusos, no sólo que a Francia, la de aquel tiempo, sino a la de más tarde, en todo nuestro siglo, durante el cual Schiller, ciudadano francés y "l'ami de l'humanité", sólo era conocido en Francia por los profesores de literatura y eso no por todos. Entre nosotros en cambio, junto con Yukovsky, se introdujo en el alma rusa, dejó en ella una señal, significó por sí mismo casi un período en la historia de nuestra cultura. Esta actitud rusa respecto a la literatura universal es un fenómeno que casi no se ha repetido en otros pueblos en tal medida a lo largo de toda la historia, y si esta característica es realmente nuestra particularidad nacional rusa, ¿qué susceptible patriotismo, qué chauvinismo tendría derecho a protestar contra este fenómeno y no querría ver por el contrario un hecho pleno de promesas y claramente profético para la adivinación de nuestro porvenir?
Todo este encuadre del genial escritor ruso es para poner de relieve a unas de las figuras más importantes de la literatura universal que ganó simpatías y antipatías en torno a otras superficialidades de rigor moralista. Aquel mensaje del autor de Crimen y castigo, concluye diciendo:

"¡Oh!, por supuesto, muchos sonreirán, tal vez, al leer más arriba la importancia que yo atribuyo a George Sand; pero los que rían serán injustos: ya ha transcurrido bastante tiempo de estos hechos pasados y hasta la misma George Sand ha muerto viejita, a los setenta años, habiendo tal vez sobrevivido en mucho a su gloria. Pero todo aquello que en la aparición de ese poeta significó una "nueva palabra", todo lo que tuvo valor universal, todo eso suscitó en el mismo instante en nuestra Rusia fuerte y profunda impresión, no pasó inadvertido, demostrándose con ello que todo poeta que surgiera en Europa, que se levantara allá para enunciar un pensamiento y manifestar una fuerza nueva, no podía dejar de convertirse de inmediato en un poeta ruso, no podía evadirse al pensamiento ruso, y no convertirse casi en una

Como se dijo más arriba, estuvo relacionada románticamente con Alfred de Musset durante el verano de 1833. Después de esa tormentosa relación en Venecia, Musset le dedicaría un libro: Confesiones de un hijo del siglo.
Dos años antes, había tenido ya una relación con Fréderic Chopin, a quien conoció en París. Dentro de su "círculo de amistades" también se encontraban el pintor Eugène Delacroix, el escritor Heinrich Heine, así como Víctor Hugo y,entre otros, Flaubert .

Sand fue una escritora muy prolífica que expresaba en sus obras preocupación por los problemas humanos y los ideales feministas. Escribió sus dos primeras novelas en colaboración con el novelista Jules Sandeau, de quien tomó el nombre de Jules Sand. Su obra siguiente, Indiana (1832), es la primera que firma como George Sand.

Toda su bibliografía se divide en cuatro partes: Las novelas del primer período (1832-1836), como Valentine (1832) y Lélia (1833), eran románticas e idealistas, que, al igual que Indiana, exaltaban elamor libre de las trabas impuestas por el matrimonio convencional. La segunda parte (1840-1848) se caracteriza por novelas del temperamento de Consuelo (1842), en la que expone sus ideales libertarios de corte socialista y humanitario. Después de la Revolución de 1848 se retiró a su casa campestre de Nohant, donde escribió las novelas de su tercer período (1848-1860), basadas en la vida del campo, entre las que se destacan François el Champi (1848) y La pequeña Fadette (1849). Sus últimas novelas recaen nuevamente en el tema social pero de una forma más profunda y, en cuanto a calidad, son consideradas lo mejor de su obra. De esta parte, hay que destacar El Marqués de Villemer (1861) y Jean de la Roche (1860) y entre 1854 y 1855, aparece, Historia de mi vida. Pero es en 1853,cuando se publica Cuentos de una abuela, escritos para sus nietos.

Entre sus frases famosas, hay algunas que se refieren a su "supuesto" torbellino amoroso: "Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo." Y también, frases de este calibre: "He leído en alguna parte que para amarse hay que tener principios semejantes, con gustos opuesto." O todavía, algo así: "Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría."
George Sand murió en Nohant en 1876. Aunque sus novelas fueron muy leídas en vida de la autora y ejercieron una influencia innegable en los nuevos escritores; pero así, también, han ido perdiendo popularidad. No obstante eso, los criterios feministas más recientes le han otorgado un creciente interés a su obra.

George Sand ejerció el papel de dandy en los salones y círculos literarios de Francia haciendo uso de aquella memorable frase de su amigo Balzac: "El dandismo no es sino una herejía de la vida elegante". Y fue ella, la que acunó esta bella frase: "El beso es una forma de diálogo".

De los amores de Chopin y George Sand...


MALDOROR


Me llamo Isidore Ducasse. Más conocido como Conde de Lautréamont, por unos escritos míos realizados a escondidas de las clases del Liceo de Pau en 1864. Aunque yo disfrutaba de las clases de retórica de Gustave Hinstin. No me perdía por nada del mundo de sus disertaciones sobre el Edipo Rey, de Sófocles. Sobre todo ante los desgarradores lamentos y gritos de dolor, al ser arrancados sus ojos maldiciendo su destino. Me estremecía (tengo que decirlo), el límite que hay entre lo humano y lo inhumano. El dios Tánatos colmaba mis aspiraciones existenciales y me volcaba al horror y al caos. Pero también amaba a Hipnos, su hermano, que me transportaba a experiencias inesperadas. Debo confesar que por esa época, detestaba los versos latinos; aunque disfrutara siempre de Corneille y Racine.

Como se imaginarán, soy extremadamente nervioso. Mi carácter, lo sé, se compone de eso: una obsesión por la tragedia y un delirante fervor por todo lo que denote soledad, angustia, repulsión… Estos Cantos, son prueba de mi soledad en el mundo… Maldoror, es mi documento de identidad.


(De Escritos apócrifos)

De Los Cantos del gran ensalmador


POESIA NOVA



El cadáver de Vallejo multiplicóse en células ubérrrimas;
el de Federico en caracolas de mar para empedrar los
/ Jardines de la Alhambra;
el de Neruda en crepúsculos embotellados;
y el de Borges, en ediciones rarísimas de pergaminos
/ góticos...

-¡A ver,sepulturero:
si recoges un poco de aquella luz matinal,
que harto estoy de dogmáticos resplandores!

viernes, 1 de enero de 2010

Un cuento de Poe relatado por James Mason



C O R A Z Ó N
D
E L A T O R
Memorial

EL AMABLE SEÑOR POE

La tentación fue esa muchacha asesinada que flotaba en el Sena,

y sobre quien escribiste la historia de Marie Roget.

(La Noche, que es mi amiga, me lo dice.)

También fuiste el niño abandonado a obscuras en el escenario de un

/ teatro pobre,

cuando tus padres entraron en la sombra.

(La Luna, que es soñadora, me lo dice.)

Y la noche y tú me mostraron, Edgar Allan Poe,

ante los ojos de Palas Atenea con su eternidad de muerte, mirándote

/ fijo.

Con el público delante, mirándote fijo, y suspirando por aquellos versos

/ soñadores.

Y yo repetía, nevermore, nevermore...

Viniste de los sepulcros, bien lo sé, porque el canto viene desde muy

/ lejos.

Como un narcótico difícil de precisar.

Luminoso fuiste por lo ausente, cuando tus párpados se reclinaban

por los pasadizos secretos de la memoria, como una cortina al revés.

Te consagraste, como artillero sin obús en la batalla de la resignación.

Y fuiste jugador de mala muerte de una baraja absurda,

que se cae de ebria en la mesa de los orgullosos.

La Noche (que es mi amiga) me dice haberte escuchado en una sala de

/ Baltimore,

como preludio de la Calle Morgue. ¿Lo recuerdas?

Había un fondo musical en todo eso, como de pabellón en el que se

/ estudian los desahuciados en el suspiro final...

Y yo repitiendo, nevermore, nevermore...

Quedaste así para siempre, como un espectro que va y viene por las

/ calles del mundo, tropezándote con todos.

¡Hubieras buscado en el fondo de tu capote algo con que golpear a la

/ desesperanza!


Cuando te veo pasar tan triste y enfundado en tus pensamientos,

/ te grito:

-¡Señor Poe!...¡Señor Poe!... Soy yo, su amigo, el cuervo.


(Del libro La grieta en el paisaje)
La página del Dandi

El dandismo es un estilo de vida que se pierde en la individualidad de sus carismáticos personajes. La historia del surgimiento del dandismo es imprecisa y en cada época, aparece con características propias. Si de registros se trata, convengamos que tiene un punto de partida en un personaje literario llamado Don Juan y que a lo largo de las centurias, ha tenido diversas versiones a la primitiva, entre ellas, El Don Juan de Lord Byron y la maravillosa obra musical mozartiana Don Giovanni, entre otras exquisitas piezas como las de Moliere, (Don Juan o El festín de piedra), José Zorrilla (Don Juan Tenorio) y muchos otros. El mismo Lord Byron fue un típico dandi que tenía en su filosofía la concepción de vivir el instante como un verdadero esteta. Pero, también, hay que recordar un valioso antecedente en el famoso veneciano Giácomo Casanova. Personaje que recorría Europa seduciendo a cuanta mujer encontraba en el camino y en las palaciegas cortes de su tiempo. Hijo de comediantes y aventurero, dejó escritas sus memorias en francés, también se dice que fue espía y frecuente comensal de Luis XV y Madame Pompadour. También fue perseguido por la Inquisición y en 1753 produjo uno de sus mayores escándalos eróticos al practicar el ménage à quatre entre el abad de Bernis, el embajador francés y dos monjas. Por lo que fue preso en la cárcel de Los Plomos acusado, además, de practicar la magia y por extensión la alquimia. Conoció a Voltaire y a Mozart. Se dice que la ópera Don Giovanni fue inspirada en este célebre personaje que fabricó su propio título nobiliario bajo el nombre Chevalier de Seingalt. En el prefacio a sus Memorias, dice:

“El lector verá en estas Memorias que, no habiéndome enderezado nunca hacia un punto fijo, el único sistema que he tenido, suponiendo que lo sea, fue el de dejarme llevar por el viento que soplaba. ¡Cuántas vicisitudes acarrea esta independencia de método! Mis éxitos y mis fracasos, lo bueno y lo malo que he experimentado, todo me ha demostrado que este mundo, tanto físico como moral, el bien sale siempre del mal, igual que el mal del bien. Mis desvíos enseñarán a los pensadores a seguir los caminos opuestos, o les revelarán el gran arte de mantenerse siempre alejados del peligro. No se trata más que de tener valor, porque la fuerza sin confianza no sirve de nada. He visto con mucha frecuencia que tras un acto imprudente, que debía haberme llevado al precipicio, venía la felicidad; y, mientras me censuraba, daba gracias a Dios. También he visto, por el contrario, cómo una conducta mesurada y dictada por la prudencia traía dolorosas desgracias. Esto me humillaba; pero, convencido de haber tenido razón, me consolaba fácilmente.”


En tanto que el célebre poeta Lord Byron, londinense, era inequívocamente un dandy que imponía la moda por su actitud intelectual y protagonismo seductor en su época. A pesar de haber nacido con una deformidad en un pie, (era patihendido, es decir, con los dedos del pie metidos hacia adentro, lo que le obligó a llevar un zapato con plataforma durante su breve vida). Esto le valió burlas que él replicaba con su famosa respuesta: «cuando un miembro se debilita siempre hay otro que lo compensa». Fue muy célebre en toda Europa y hasta el poeta ruso Pushkin, crea su personaje Eugenio Onegin, dandy inspirado en la epopeya byroniana y que también refleja el ideario del poeta ruso, muerto tempranamente, en un duelo a pistola, como por supuesto debía aceptar batirse un dandy. Lord George Gordon Byron, había nacido en enero de 1788 y murió en Grecia en 1824, involucrado en un movimiento revolucionario de la época. De espíritu libre y de prédica libertaria, fue el difusor más grande del romanticismo poético. Murió de Malaria. Sin embargo, hay quien dice que los preferidos de los dioses mueren jóvenes… Entre sus múltiples amantes, figuró la escritora Lady Caroline Lamb.

De su vida se cuenta que viajaba siempre con un médico. Porque su tendencia a engordar es tan preocupante que a los dieciocho años ya está obeso. Su deseo de agradar le lleva a ponerse a régimen, obligándose a realizar una única comida al día, a tomar baños calientes y a practicar ejercicio físico. De 1807 a 1824 adopta un severo régimen que rápidamente hace de él un hombre delgado. En 1811 decide someterse a una dieta vegetariana. Esto le trajo serios problemas de salud. Tras estar a punto de morir a consecuencia de las lavativas y los vomitivos que le aplica su médico Romanelli, consigue curarse por sí mismo con una dieta a base de arroz y vinagre. A partir de entonces el régimen de Lord Byron variará poco; una taza de té verde y una yema de huevo cruda constituyen su desayuno, a modo de almuerzo toma unas galletas y, de ordinario, para cenar, verduras hervidas y vino. (estas noticias son tomadas del libro Les régimes alimentaires

( De La historia de la belleza de D. Paquet)

No obstante, también en Inglaterra, se da el caso del llamado Dandy de la Regencia que se caracterizó por no ser muy afecto a los lazos rizados, las medias de seda, los perfumes penetrantes, el cordón de oro para el calzado y otras insólitas extravagancias que caracterizaban al señorito aristocrático. Un caso típico fue el Bello Brummell, que para muchos investigadores fue el iniciador, al menos de ese tipo de dandy del siglo XVIII, desdeñando la suciedad, acrecentando hasta límites inesperados su higiene personal y empeñándose en la pulcritud de sus ropas, así como estudiando el nudo de su corbata durante horas antes de salir a su Club preferido, en medio de su extravagancia y refinamiento, tanto intelectual como físico. Se dice que impuso la moda del rapé, o sea la de aspirar tabaco en polvo. Se dice que su razón fue declinando. Varias veces los ocupantes del hotel lo vieron requisar sillas que trasladaba a su cuarto. Las ponía arrimadas a la pared. encendía unas velas y solemnemente abría la puerta de su habitación mientras decía en alta voz:

-¡Su alteza real el príncipe de Gales!... ¡Lady Conyngham!... ¡Lord Alvanley!... ¡Lady Worcester!... ¡Gracias por haber venido!... ¡El duque de Beaufort!...

Indicaba a cada uno de sus fantomáticos invitados la silla que les había destinado y luego volvía a abrir la puerta y exclamaba con énfasis:

-¡Sir George Brummel!

Y despertando de su sueño delirante miraba las sillas vacías y se derrumbaba en el suelo sollozando.

Sus últimos días los pasó en el manicomio, donde murió el 24 de marzo de 1840.

En Francia, se conoció el dandismo en una apariencia más feminoide por su atuendo al que se apodó Dandy Mariposa, por su exagerada pose y sus irónicas ocurrencias. Pero esta apariencia vuelve a tener luego una versión más intelectual en lo que se dio en llamar Dandy de la Decadencia. Y un caso revelador de esta nueva actitud social, se manifiesta en el Conde Villiers de Lisle Adam, Charles Baudelaire y Jules Amédée Barbey d’Aurevilly, entre otros exponentes de la cultura francesa del siglo XIX. En el poema Don Juan en los Infiernos, de Las flores del Mal, Baudelaire clama:

Cuando bajó Don Juan al agua subterránea

Y una vez que su óbolo a Caronte entregó,

Un mendigo sombrío, fieros ojos de Antístenes,

Empuñó los dos remos con vengativos brazos.

Con desceñidos senos y ropas entreabiertas

Se arqueaban las mujeres bajo la negra cúpula,

Y como gran rebaño de víctimas marcadas,

Detrás suyo arrastraban un continuo bramido.

Sganarelle, burlón, su estipendio pedía,

En tanto que Don Luis, con tembloroso dedo,

A los muertos errantes en la margen, mostraba

Al vástago arrogante que ultraja sus canas.

Tiritando en su duelo, la esbelta y casta Elvira,

Junto al pérfido esposo, que fue su amante una

/ hora,

Parecía suplicarle una postrer sonrisa

Donde brillaba el aura del primer juramento.

Enhiesto en su armadura, un gran hombre de

/ piedra

Gobernando el timón, cortaba el agua oscura;

Mas el héroe impasible, apoyado en su estoque,

Contemplaba la espuma, desdeñando la escena.

El gran poeta Charles Baudelaire, dijo en una oportunidad que: “El dandi debe aspirar a ser sublime sin interrupción, debe vivir y dormir frente a un espejo. Eterna superioridad del dandi.” (De Mi corazón al desnudo). Y es posible que su atrevimiento diera para más, acorde al temperamento y a la sutileza del personaje que varió su atuendo a ropas más oscuras, en fumar opio y hachís, vociferar contra la burguesía y, sobre todo, embriagarse con absenta.

El amigo de Baudelaire Jules Barbey d´Aurevilly, compartió las penurias del poeta ante la corte de Francia y la prohibición de sus magníficas Las Flores del Mal. En una esquela, al poeta le dice D´Aurevilly:

Mi querido Baudelaire:

Le adjunto este artículo que usted me ha pedido y que un miramiento fácil de comprender a El País publicarlo, ya que está usted encausado. Me consideraré muy feliz, amigo mío, si este artículo ejerce un poco de influencia sobre el espíritu del que tenga que defenderle y sobre la opinión de los que sean llamados a juzgarle. De usted,

Julio Barbey d´Aurevilly

24 de julio 1857.

Lo demás es conocido. Baudelaire tuvo que eliminar del libro algunos poemas (que más tarde aparecieron en otras ediciones con otros nuevos textos) y la batahola que en el ambiente cultural se desarrolló en torno a su cuestionado poemario.

En unas notas que aparecieron sin terminar después de su muerte, Mi corazón al desnudo, el poeta arremete contra esa burguesía jactanciosa e ignorante: “Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian sin cesar las palabras: ‘ Inmoral, inmoralidad, moralidad en el arte´y otras estupideces, me hacen pensar en Louise Villedieu, puta de a cinco francos que, acompañándome una vez al Louvre, donde jamás había ido, se ruborizó y se cubrió la cara, y tirándome a cada instante de la maga me preguntaba ante las estatuas y los cuadros inmortales, cómo podían exhibir públicamente tales indecencias.”

En otra parte de sus escritos, el poeta hace mención del dandy: “El gusto precoz por las mujeres. Yo confundo el olor de las pieles con el olor de la mujer. Me acuerdo… En fin, amaba a mi madre por su elegancia. Era un dandy precoz”.

El dandi se mueve de acuerdo a un planificado proceder. Ya lo señaló en su Diario de un seductor el filósofo Kierkegaard: “Soy un esteticista, un erótico, que atrapó la naturaleza del amor, su esencia, que cree en el amor y lo conoce a fondo, y que solo se reserva la opinión personal de que una aventura galante no dura más que seis meses como máximo y que todo se termina cuando uno gozó de los últimos favores. Sé todo eso, pero sé también que el goce supremo imaginable es ser amado, ser amado por encima de todo. Introducirse como un sueño en el espíritu de una muchacha es un arte, salir es una obra maestra.”

Volviendo a Inglaterra, otro caso emblemático fue el del destacadísimo dramaturgo y poeta irlandés Oscar Wilde, condenado en su época por su relación sodomita con Lord Alfred Douglas (conocido como Bosie) lo que le valió la cárcel. Su ya clásica novela El retrato de Dorian Gray, en donde condensa todo su ideario acerca del dandysmo, fue pilar en el tema de la juventud eterna y la vejez. Pasó el resto de su vida en París, donde dice haberlo visto el poeta Oliverio Girondo, paseándose con una inmensa flor en el ojal de su vestimenta.

El pensamiento político de Wilde, era el llamado socialismo anarquista. Sus ideas son expuestas ampliamente en el texto El alma del hombre bajo el socialismo.

¿Cómo reacciona el dandi frente al transcurso del tiempo?

En cuanto al tema de su obra El Retrato de Dorian Gray, otro dandi, ahora de origen español, César González Ruano, escritor y poeta del ultraísmo, tuvo la ocurrencia de preguntarle al escritor anarquista Azorín acerca de qué era para él la vejez. Azorín, fue categórico al decirle que era “Falta de curiosidad”. Alegando que no debe tomarse la vejez por abrumadora cantidad de años; porque un intelectual jamás envejece, sino que se enriquece con los conocimientos. “Porque un poeta se mantiene siempre joven. Los hilos de plata de su cabeza vienen dados por los golpes de la vida, no por los años. La lírica mantiene vivo al hombre. El amor nos hace jóvenes; cualquier clase de amor. La música enerva los sentidos, a toda edad. Y la escritura. Hasta el dandismo, ese término elegante y abstracto que hace que la gente se cuide para sorprender a los demás, rejuvenece”.

Configurar una imagen acertada del dandi de nuestros días, tiene su implicancia y condensación ética y estética, lo que hipotéticamente sería un tema de análisis y polémica actual de lo que se podría denominar el Dandi postmoderno. Pero eso, ya, es otra historia…

viernes, 4 de diciembre de 2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

Decálogo del Dandy

El dandy es hijo de sí mismo y cuida de él toda su vida. El dandy no lleva tatuajes. Decía Baudelaire: “Yo he crecido, en buena parte, gracias al ocio. Con gran detrimento para mí; pues el ocio sin fortuna aumenta las deudas, y de las deudas resultan las vejaciones. Pero con gran Provecho para mí, en lo que se refiere a la sensibilidad, a la meditación y a la facultad del dandysmo y del dilettantismo. Los otros hombres de letras, en su mayoría, son viles jornaleros, muy ignorantes”.

Su adoración, entre otras, son las mujeres. Las que cultiva a diario como un verdadero Don Juan. Para él, ella es la flor más perfecta de natura. Decía Lord Byron: "Es fácil morir por una mujer; lo difícil es vivir con ella."

Las clases sociales le son indiferentes. Menos la burguesía, a la que odia. Según Oscar Wilde: "La principal ventaja que se obtendría del establecimiento del socialismo, sería indudablemente que el socialismo nos relevaría de la sórdida necesidad de trabajar para otros, la que, en el presente estado de cosas, presiona tanto sobre casi todo el mundo. De hecho, casi nadie escapa "

La palabra poeta ha perdido significado y la considera de mal gusto. Prefiere la palabra “liróforo”, por estar más descontaminada de la vulgaridad. “Padre y maestro mágico, liróforo celeste” Dice Ruben Darío en su Responso por Paul Verlaine.

Cuando el dandy acude al populacho, es para que le lustren los zapatos. “La Francia atraviesa una fase de vulgaridad. París, centro universal de la tontería humana. A pesar de Moliere y de Béranger, no se hubiera creído nunca que Francia iría tan de prisa en la ruta del progreso. Cuestiones de arte, terrae ignotae”. (Baudelaire)

El dandy es libertario por naturaleza (asume su anarquismo) porque maldice el Poder y a la burguesía que lo detenta.

El dandy no se casa. Lee a Baudelaire. Se refugia en Pushkin. Le apasiona Lord Byron, Oscar Wilde, etcétera, etc. "Pero aún no escarmentado por centenas de ofensas, ante otros nuevos ídolos elevo mis plegarias...” (Alexander Pushkin)

No siente estima por las modas pasajeras. Sólo respeta a la belleza. "el modernismo era la anarquía, el individualismo absoluto". (Manuel Machado).

De los vinos, los más refinados. De las comidas, las más exóticas. De los perfumes, los más intensos y suaves…

Para él, la música es su esencia; y la Poesía, su quintaesencia. Para el liróforo dandy, el idioma es música de las esferas. "De la musique avant toute chose" (Paul Verlaine).

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un poeta envenenador


PLUMA, LÁPIZ Y VENENO

Por Oscar Wilde

Ha sido constante motivo de reproche contra los artistas y hombres de letras su carencia de una visión integral de la naturaleza de las cosas. Como regla, esto debe necesariamente ser así. Esa misma concentración de visión e intensidad de propósito que caracteriza el temperamento artístico es en sí misma un modo de limitación. A aquellos que están preocupados con la belleza de la forma nada les parece de mucha importancia. Sin embargo, hay muchas excepciones a esta regla. Rubens sirvió como embajador, Goethe como consejero de Estado, y Milton como secretario de Cromwell. Sófocles desempeñó un cargo cívico en su propia ciudad; los humoristas, ensayistas y novelistas de la América moderna no parecen desear nada mejor que transformarse en representantes diplomáticos de su país; y el amigo de Charles Lamb, Thomas Criffiths Wainewright, terna de esta breve memoria, aunque de un temperamento extremadamente artístico, siguió muchos otros llamados además del llamado del arte; no fue solamente un poeta y un pintor, un crítico de arte, un anticuario, un prosista, un aficionado a las cosas hermosas y un diletante de las cosas encantadoras, sino también un falsificador de capacidad más que ordinaria, y un sutil y secreto envenenador, casi sin rival en ésta o cualquier edad.

Este hombre destacable, tan poderoso con "pluma, lápiz y veneno", como dijo finamente de él un gran poeta de nuestros propios días, había nacido en Chiswick en 1794. Su padre era el hijo de un distinguido abogado de Gray's Inn y Hatton Carden. Su madre era hija del celebrado doctor Griffiths, el editor y fundador de la Monthly Review, el partícipe en otra especulación literaria de Thomas Davis, ese famoso librero de quien Johnson dijo que no era un librero, sino "un caballero que comerciaba en libros", el amigo de Goldsmith y Wedgwood, y uno de los más conocidos hombres de su día. La señora Wainewright murió al darlo a luz, a la temprana edad de veintiuno, y una noticia necrológica en el Gentleman's Magazine nos habla de su "amable disposición y numerosos méritos" y agrega algo extrañamente que "se supone que ella había comprendido los escritos del señor Locke tan bien como quizá no lo hizo ninguna persona de uno u otro sexo hoy viviente". Su padre no sobrevivió mucho a la joven esposa, y el pequeño parece haber sido educado por su abuelo y, tras la muerte de éste en 1803, por su tío, George Edward Griffiths, a quien posteriormente envenenó. Pasó su juventud en Lindon House, Turnham Creen, una de aquellas muchas hermosas mansiones georgianas que, desgraciadamente, han desaparecido ante las incursiones del constructor suburbano, y a sus amorosos jardines y bien arbolado parque debió ese simple y apasionado amor a la naturaleza que no lo abandonó a través de su vida y que lo hizo tan particularmente susceptible a las influencias espirituales de la poesía de Wordsworth.

Sin embargo, no debemos olvidar que este joven cultivado, que fue tan susceptible a las influencias wordsworthianas, fue también uno de los más sutiles y secretos envenenadores de ésta o cualquier edad. Cómo se sintió inicialmente fascinado por este extraño pecado, no nos lo cuenta, y el diario en el que anotó cuidadosamente los resultados de sus terribles experimentos y los métodos que adoptó, infortunadamente se ha perdido para nosotros. Además, se mostró reticente hasta sus últimos días en la materia y prefirió hablar sobre La excursión y los Poemas basados en el afecto. No hay duda, sin embargo, de que el veneno que usaba era la estricnina. En uno de los hermosos anillos que tanto lo enorgullecían, y que le servían para ostentar el fino modelado de sus manos marfileñas, acostumbraba llevar cristales de la nux vomita india, un veneno -nos dice uno de sus biógrafos- "casi insípido, y capaz de una disolución casi infinita". Sus asesinatos, dice De Quincey, fueron más de los que se dieron a conocer judicialmente. De esto no hay duda, y algunos de ellos son merecedores de mención. Su primera víctima fue su tío, Thomas Griffiths. Lo envenenó en 1829 para tomar posesión de Lindon House, un lugar al que se había sentido siempre muy unido. En agosto del año siguiente envenenó a la señora Abercrombie, su suegra, y en diciembre envenenó a la amorosa Helen Abercrombie, su cuñada. Por qué asesinó a la señora Abercrombie no está averiguado. Puede haber sido por un capricho, o para gratificar cierto perverso sentimiento de poder que había en él, o porque ella sospechaba algo, o por ninguna razón. Pero el asesinato de Helen Abercrombie fue llevado adelante por él y su esposa en consideración a una suma de unas 18.000 libras, en la que ellos habían asegurado la vida de ella en varias compañías.

Al agente de una compañía de seguros que lo visitaba una tarde y que creyó que podría aprovechar la ocasión para señalar que, después de todo, el crimen era un mal negocio, le replicó: "Señor, ustedes, hombres de la Ciudad, entran en sus especulaciones y aceptan sus riesgos. Algunas de sus especulaciones tienen éxito, algunas fracasan. Sucede que las mías han fallado, sucede que las suyas han tenido éxito. Esa es la única diferencia, señor, entre mis visitantes y yo. Pero, señor, le mencionaré a usted una cosa en la que yo he tenido éxito hasta el final. He estado determinado a conservar a través de la vida la posición de un caballero. Siempre he hecho eso. Lo hago aún. Es costumbre de este lugar que cada uno de los inquilinos de una celda cumpla su turno de limpieza. ¡Yo ocupo una celda con un albañil y un deshollinador, pero ellos nunca me ofrecen la escoba!". Cuando un amigo le reprochó el asesinato de Helen Abercrombie, él se encogió de hombros y dijo: "Sí, fue cosa espantosa hacerlo, pero tenía tobillos muy gruesos".

Naturalmente, está muy cerca de nuestro propio tiempo para que seamos capaces de formar algún juicio puramente artístico sobre él. Es imposible no sentir un fuerte prejuicio contra un hombre que podría haber envenenado a Tennyson, o al señor Gladstone, o al señor de Balliol. Pero si el hombre hubiera usado un ropaje y hablado un idioma diferente del nuestro, si hubiera vivido en la Roma imperial o en el tiempo del Renacimiento italiano, o en la España del siglo XVII, o en cualquier tierra y cualquier siglo que no fueran los nuestros, hubiéramos sido capaces de arribar a una estimación perfectamente desprejuiciada de su posición y valor. Yo sé que hay muchos historiadores, o al menos escritores sobre asuntos históricos, que aun creen necesario aplicar juicios morales a la historia, y que distribuyen su elogio o reprobación con la solemne complacencia de un maestro de escuela satisfecho. Este es, sin embargo, un hábito tonto, y solamente demuestra que el instinto moral puede ser llevado a un grado tan elevado de perfección que hace su aparición dondequiera no es requerido. Ninguna persona con verdadero sentido histórico soñaría nunca con reprobar a Nerón, regañar a Tiberio, o censurar a César Borgia. Esas personas son como los títeres de una representación. Pueden llenarnos de terror, horror o admiración, pero no pueden hacernos daño. No están en relación inmediata con nosotros. No tenemos nada que temer de ellos. Han pasado a la esfera del arte y de la ciencia, y ni el arte ni la ciencia saben nada de aprobación o desaprobación moral. Y así puede suceder algún día con el amigo de Charles Lamb. Por el momento, siento que él es un poco demasiado moderno para ser tratado con ese fino espíritu de curiosidad desinteresada, al que debemos tantos encantadores estudios de los grandes criminales del Renacimiento italiano, de las plumas del señor John Addington Symonds, la señorita Mary F. Robinson, la señorita Vernon Lee y otros distinguidos escritores. Sin embargo, el Arte no lo ha olvidado. Él es el héroe de Hunted Down, de Dickens; el Varney de la Lucretia, de Bulwer; y es grato notar que la ficción ha rendido algún homenaje a quien fue tan poderoso con "pluma, lápiz y veneno". Ser inspirador para la ficción es mucho más importante que una simple realidad.

(De Ensayos de Oscar Wilde)