jueves, 31 de marzo de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
Escenario de la vida diaria de Quevedo
Con testa gacha toda charla escucho; Dejo la chanza y sigo mi provecho;
Para vivir, escóndome y acecho,
Y visto de paloma lo avechucho.
Para tener, doy poco y pido mucho;
Si tengo pleito, arrimome al cohecho;
Ni sorbo angosto ni me calzo estrecho,
Y cátame que soy hombre machucho.
Niego el antaño, píntome el mostacho,
Pago a Silvia el pecado, no el capricho;
Prometo y niego, y cátame muchacho.
Vivo pajizo, no visito nicho;
En lo que ahorro está mi buen despacho:
Y cátame dichoso, hecho y ducho.
Don Francisco de Quevedo y Villegas
jueves, 3 de marzo de 2011
Poesía
Amor mueve mis alas, y tan altolas lleva el amoroso pensamiento,
que de hora en hora así subiendo siento
quedar mi padescer más corto y falto.
Temo tal vez mientra mi vuelo exalto,
mas llega luego a mí el conoscimiento
y pruébase que es poco en tal tormento
por inmortal honor un mortal salto.
Que si otro puso al mar perpetuo nombre
do el soberbio valor le dio la muerte,
presumiendo de sí más que podía,
de mí dirán: «Aquí fue muerto un hombre
que si al cielo llegar negó su suerte,
la vida le faltó, no la osadía.»
martes, 15 de febrero de 2011
Poema inédito de Don Francisco de Quevedo
La nave que surcando el Ponto pasa
ligera y fuerte como viento y peña,
el bravo mar con ocasión pequeña
rompe, sorbe, deshace, ahoga, arrasa.
La ciudad fuerte o respetada casa
que de tratar las nubes se desdeña,
con breve curso el Tiempo nos la enseña
rota, humilde, asolada, yerma y rasa.
La ignorancia mortal que se alimenta
de bárbara ambición y se presume
potente, firme, estable, altiva, osada,
baje la rueda, reconozca y sienta
que en un punto la muerte la resume
en humo, en polvo, en viento, en sombra, en nada.
(Tomado de la Orden Literaria de Francisco de Quevedo)
jueves, 27 de enero de 2011
John Keats(1795-1821)
ODA A LA INDOLENCIA
Una mañana vi, de pronto, tres figuras;
Blancos mantos vestían y calzaban sandalias;
Seguíanse las tres, de perfil, y en silencio,
Inclinadas las frentes, por encima las manos.
Pasaban, cual relieves de un ánfora de mármol
que hiciéramos girar en pos del lado oculto;
Y cual vuelven las formas que vimos al principio
Cuando sigue girando, mostráronse de nuevo.
Yo no las conocí, lo que no es de extrañarse
Tratándose de vasos y un adepto de Fidias.
¿Por qué tales disfraces y máscaras tan mudas?
¿Habéis tramado, acaso, un complot, en sigilo,
Para huir en silencio y dejar sin empleo
Al ocio de mis días? Propicio era el momento;
La bienaventurada y estival indolencia,
Al cerrarme los ojos, retardaba mi pulso;
No era el dolor espina, ni eran flor los placeres.
¿Por qué no os fuisteis, sombras, dejando a mis sentidos
Desprovistos de todo, sólo llenos de -Nada?
Pero, antes de partir, mostráronme sus rostros
Por un fugaz instante. Cuando vi quiénes eran,
Clamé por tener alas para poder seguirlas.
Era Amor la primera, la más bella de todas;
La Ambición la seguía, con la tez macilenta
Y los ojos cansados por la eterna vigilia;
Y cerrando la marcha, esa virgen esquiva
A quien yo tanto amé, más culpable por ello;
Te he nombrado bien mi demonio, - Poesía.
¡Qué locura la mía! ¿Acaso alguno sabe
Qué cosa es el Amor y dónde se lo encuentra?
¿Y la pobre Ambición? ¿No nace de esa fiebre
Que la flaqueza humana, efímera, alimenta?
En cuanto a la Poesía, ningún placer le debo
Que valga lo que el dulce sopor del mediodía
O la miel de la tarde que muere en la indolencia.
¡Quién me diera vivir en una edad dichosa,
Exenta de molestias, en la que fuera dado
Ignorar para siempre las fases de la Luna
Y a la que no llegara la voz del buen sentido!
Mientras mi sueño teje sus obscuras visiones,
El alma, cual un prado, alfómbrase de flores
Y de sombras movibles y engañosos reflejos.
Aunque cuelgan del techo de nubes de la aurora
Las lágrimas de Mayo, no llega a caer la lluvia.
Óyese a los zorzales, por la ventana abierta,
Y por ella el vaho de las viñas.
¡De separarnos, sombras, ha sonado la hora!
Mis lágrimas, empero, no han de mojar su manto.
De levantar mi frente de la florida yerba;
No es manjar de mi agrado la terrena lisonja
Ni me cuadra el papel que me dais en la farsa.
Borraos de mis ojos y volved sin demora
A vuestro sitio, máscaras, en la soñada urna.
¡Adiós! Aun le quedan visiones a mi noche
Y plétora de sombras reservo para el día:
¡Fantasmas, ascended, desde mi mente ociosa
Al claustro de las nubes y no volváis ya nunca!

jueves, 13 de enero de 2011

miércoles, 12 de enero de 2011

Les pregunté:"¿A quién cantáis?" Ellas respondieron: "A aquellos
Habían tejido para ellos coronas y guirnaldas, habían cortado
Me fui a lo largo del río, tristemente, sola, pero mirando

Bélgica, 1870- París, 1925
martes, 11 de enero de 2011

domingo, 2 de enero de 2011
LAS CANCIONES DE BILITIS

El árbol
abrazan la corteza lisa y húmeda. Mis sandalias caminan sobre
las ramas.
En lo alto, pero todavía bajo las hojas y a la sombra del calor,
me he sentado a caballo sobre una rama apartada, balanceando
mis pies en el vacío.
Había llovido. Gotas de agua caían y corrían por mi piel.
Mis manos estaban manchadas de musgo y los dedos de mis
pies estaban rojos a causa de las flores aplastadas.
Sentía al hermoso árbol vivir cuando el viento pasaba a
través de él; entonces apretaba más las piernas y aplicaba
mis labios abiertos sobre la parte musgosa de una rama.

El antro de las ninfas
Thetis. Entre tus brazos cruzados reúnes tus senos
o los acunas blandamente como dos bellos cuerpos
de palomas.
Bajo tus cabellos disimulas tus ojos húmedos, tu boca
temblorosa y las flores rojas de tus orejas; pero nada
detendrá mi mirada ni el cálido hálito del beso.
Porque en el secreto de tu cuerpo estás tú, Mnasidika
amada, que recelas del antro de aquellas ninfas de que
habla Homero, el lugar donde las náyades tejen paños
de púrpura.
El lugar de donde fluyen, gota a gota, unas fuentes
inagotables y donde la puerta del Norte deja descender a
los hombres, y donde la puerta del Sur deja entrar a los
Inmortales.
de seda y de oro. Otra se cubre de flores, de hojas verdes
de uvas.
Yo sólo sabría vivir desnuda. Amante mío, tómame
como soy sin ropas, ni joyas ni sandalias, he aquí Bilitis tal
como es.
Mis cabellos son negros de su negrura y mis labios rojos
de su rojo. Mis bucles flotan a mi alrededor libres como
plumas.
Tómame tal como mi madre me hizo una noche de amor
lejana y, si te gusto así, no olvides decírmelo.
Barcelona, España)




