domingo, 2 de diciembre de 2012



Sinfónicas

Richard Wagner: 
ENSOÑACIÓN DE UN POETA FRANCÉS

Por Stèphane Mallarmè
(1885)

            Un poeta francés contemporáneo, excluido de toda participación en los despliegues de belleza oficiales, por diversos motivos, quiere, lo que mantiene como su tarea ejecutada o del refinamiento misterioso del verso para solitarias Fiestas, reflexionar sobre las pompas soberanas de la Poesía, como no podrían existir conjuntamente con el flujo de trivialidad  arrastradas por las artes en un falso simulacro de civilización. – Ceremonias de un día que yace en el seno inconsciente de hacer de la multitud ¡casi un culto!

            La certeza de no estar implicado, él ni nadie de ese tiempo, en ninguna empresa parecida, lo exime de toda restricción llevada a su sueño por el sentimiento de una impericia y por el desvío de los hechos.

            Su visión, de una rectitud imperturbada, se arroja a lo lejos.

           Para su satisfacción, y es lo menos, acepta para tener en cuenta, solo, en el orgulloso  repliegue de las consecuencias ¡Al Monstruo Que no puede Ser! Aferra al flanco débil e ignaro la herida de una mirada afirmativa y pura.

         Omisión hecha de un vistazo sobre el fasto, extraordinario, pero inacabado hoy de la figuración plástica, de la que se desprende, al menos, en su perfección acabada; sólo la Danza es capaz, por su escritura sumaria, de traducir lo fugaz y lo repentino hasta la Idea (semejante visión comprende todo, absolutamente todo el Espectáculo futuro) este esteta si considera el aporte de la Música al Teatro hecho para movilizar su esplendor, no piensa durante mucho tiempo más que en sí mismo… ya, cualesquiera fueran los saltos de los que parta su pensamiento, experimenta la colosal aproximación de una iniciación que surge más alta, que significa en las voces de adeptos: Tu anhelo de antes, dentro de un momento, aquí, allí, ves, pobre, si no se lo ejecuta.

jueves, 15 de noviembre de 2012

En Té con palabras...


El poeta Manuel Ruano en la velada 
del 24 de octubre del 2012,
en la Sociedad de Escritores (SADE) de Argentina,
en momentos de iniciar el recital poético.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Recital en la SADE


Manuel Ruano
Noche del 24 de octubre del 2012, 
durante un recital poético en la Sociedad de Escritores
de Argentina (SADE)

martes, 23 de octubre de 2012

miércoles, 17 de octubre de 2012

Amatorias


POR MIRAR SU FERMOSURA

Por mirar su fermosura
Marqués de Santillana

Do van mis ojos por el alba, amiga,
como garza enamorada en amançaes
que te sigue por el sueño y el olfato.
Non va agora la soledad en la pradera
-dixe-, de fembra prieta y fragante
de flor, febo y torcaza.
Como aquel venadito pardo
(en castellano viejo)
al que canta el corazón desde la herida.
Do se pierde el home, amiga,
en desnudez y ardor de amante.

Manuel Ruano
(De Los Cantos del gran ensalmador,
Monte Ávila editores, Caracas, 2005)
        

viernes, 24 de agosto de 2012

martes, 7 de agosto de 2012

martes, 10 de julio de 2012


Un  paraíso en Granada

El  Palacio  de  la  Alhambra

Washington Irving

En mayo de 1829, acompañado por un amigo, miembro de la Embajada rusa en Madrid, capital de España, inicio el viaje que había de lle­varme a conocer las hermosas regiones de Andalucía. Las amenas incidencias que matizaron el camino se pierden ante el espectáculo que ofrece la región más montañosa de España, y que comprende el antiguo reino de Granada, último baluarte de los creyentes de Mahoma.

En un elevado cerro, cerca de la ciudad, se ha construido la antigua fortaleza rodeada de gruesas murallas y con capacidad para albergar una guarnición de cuarenta mil guerreros. 

Dentro de ese recinto se levantaba la residencia de los reyes: el magnífico palacio de la Alhambra. Su nombre deriva del término Aljamra, la roja, porque, la primitiva fortaleza llamábase Cala-al-hamra, es decir, castillo o fortaleza roja. 

Sobre sus orígenes no están de acuerdo los investigadores. Para unos la fortaleza fue construida por los romanos; para otros, por los pueblos ibéricos de la comarca y luego ocupada por los árabes al conquistar el territorio de la península. 

Expulsados los moros de España, los reyes cristianos residían en ella por breves temporadas. Después de la visita de Felipe V, el palacio cayó en el más completo abandono. 

La fortaleza quedó a cargo de un gobernador con numerosa fuerza militar y atribuciones especiales e independiente de la autoridad del capitán general de Granada.

Para llegar a la Alhambra es necesario atravesar la ciudad y subir por un accidentado camino llamado la "Cuesta de Gomeres", famosa por ser citada en cuantos romances y coplas corren por España. 

Al llegar a la entrada de la fortaleza, llama la atención una grandiosa puerta de estilo griego, mandada construir por el emperador Carlos V. 

Ante ella, en banco de piedra, dormitaban dos viejos y mal uniformados soldados, mientras que el centinela (por su edad debía ser una verdadera reliquia militar) conversaba con un zarrapastroso individuo que al punto se me ofreció como guía y buen conocedor de la Alhambra. 

Con cierto recelo acepté sus servicios, los que más tarde resultaron de mucha utilidad. Seguimos por un camino cubierto por frondosos árboles, pudiendo ver a nuestra izquierda las cúpulas del palacio, y a la derecha, las célebres Torres Bermejas, cuyo color rojo herían los rayos del sol. 

Subiendo la sombreada cuesta, llegamos a una fortificación construida para defender la entrada de los fuertes y que recibe el nombre de barbacana. Ella guarnecía la "Puerta de la Justicia" porque en aquel lugar solían reunirse los jueces para atender pequeños asuntos. Atravesando esta torre se observa la "Plaza de los Aljibes", donde los moros han perforado profundos pozos que surten a la fortaleza de agua fresca y cristalina. 

Frente a la plaza se encuentra, a medio construir, el palacio que, según Carlos V, debía eclipsar en belleza todas las artes árabes. 

Pasando por él, entramos con cierta emoción al palacio de la Alhambra. Nos creímos elevados a lejanos tiempos y rodeados de personajes de leyenda. 

Con suma curiosidad examinamos el gran patio cubierto por lajas de mármol, denominado el "Patio de la Alberca", en cuyo centro luce un estanque de cuarenta metros de largo por diez de ancho, lleno de pececillos de colores y rodeado de hermosas flores. 

En uno de los extremos del patio se encuentra la Torre de Comares, mientras que por su frente, después de atravesar un artístico arco, se entra en el célebre "Patio de los Leones". En su centro, la famosa fuente, apoyada en doce leones, arroja tenues hilos de agua, que magnifican las hermosas filigranas sostenidas por delicadas columnas de mármol blanco. 

Sobre el patio da la maravillosa "Sala de las Dos Hermanas", cuyas paredes cubre un zócalo de vistosos azulejos, en los que están pintados los escudos de los reyes y que contribuye a destacar los artísticos relieves y vívidos colores que adornan las paredes. 

Frente a esta cámara se encuentra la "Sala de los Abencerrajes", donde, según la leyenda, encontraron la muerte los miembros de esa familia, rival de los Zegríes. 

La Torre de Comares y un original deporte volvimos sobre nuestros pasos para visitar la célebre torre que lleva el nombre de su constructor, donde se encuentra la renombrada "Sala de los Embajadores", artísticamente decorada, y el "Tocador de la Reina"', especie de minarete donde las bellas princesas se distraían en la contemplación del paisaje que rodea la fortaleza. 

Un fresco amanecer resolvimos ascender a la elevada torre para admirar desde ella la hermosa vista de Granada y sus fértiles caronpiñas. 

Debimos subir por una larga, oscura y peligrosa escalera en caracol que nos impuso varios descansos hasta conseguir llegar a lo alto. Desde allí íbamos contemplando los lugares más renombrados de la Alhambra. A nuestros pies se abría paso entre las montañas el "Valle del río Darro", cuyas arenas arrastran partículas de oro. Al frente se elevaba, en lo alto de una colina, "El Geeneralife", soberbio palacio donde los reyes moros, pasaban los meses de verano. Luego fijamos nuestra vista en el concurrido paso que lleva el nombre de "Alameda de la Carrera de Darro" y en "La Fuente del Avellano". Luego, en un desfiladero conocido peor el "Paso de Lope" y el "Puente de los Pinos", famoso, no tanto por los sangrientos combates que libraron cristianos y moros, sino porque allí Cristóbal Colón, descubridor de América, fue alcanzado por un enviado de la reina Isabel, cuando, convencido de que nada podía hacer España, se dirigía a Francia para someter a consideración del rey de ese país su magnífico proyecto. 

Después de admirar el paisaje, cuando el sol hacía imposible nuestra permanencia en aquel lugar, nos disponíamos a descender; observamos, con gran sorpresa, que en una de las torres de la Alhambra dos o tres muchachos agitaban largas cañas, como si quisieran pescar en el aire. 

Nuestro asombro creció al ver que en otros lugares ocurría lo mismo. No había muralla o torre a la que no se hubiesen encaramado los singulares pescadores. 

Preocupados y haciendo toda clase de suposiciones, llegamos al "Patio de los Leones", desde donde buscamos a nuestro sapiente guía. No tardamos en dar con él, y con ello desapareció el misterio que tanto nos daba que pensar. 

Las abandonadas ruinas de la Alhambra se habían convertido en un prodigioso criadero de golondrinas y alondras, que revoloteaban en cantidad sobre las torres. 

¿Qué mejor pasatiempo que el de cazarlas por medio de anzuelos encebados con apetitosas carnadas?
¡Pescar en el cielo! 

He aquí el grato y productivo deporte inventado por los habitantes de la Alhambra.

 (De Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving)

martes, 26 de junio de 2012

España

En la Puerta de Alcalá, Madrid, mayo del 2012